Hoy vivimos en una lucha permanente contra el reloj, entre el trabajo, casa, vida social y actividades escolares y extraescolares. A todos nos hacen falta horas para terminar las cosas que hay que hacer y aquellas que queremos y nos gusta hacer, porque te nace y te place, más allá de la Mi niñera es… ¿mi celular? y la pareja, porque es tu tiempo, tu momento y lo mereces. Sin embargo, estás olvidando que ya tienes una familia o estás intentando formar una, y se vuelve también imprescindible invertir tu tiempo, dedicar tu presencia de forma activa. Las familias se nutren y se fortalecen cuando sus integrantes hablan entre ellos porque los niños necesitan ser escuchados. Pero nuestra civilización parece empeñada en extinguir la niñez. Los niños se están convirtiendo en robots, donde sólo cabe el aprendizaje escolar. El hecho de salir a tomar el sol con ellos, andar en bicicleta, jugar en la arena o la tierra, patear un balón o simplemente ver su ingenio cuando están planeando una travesura se está convirtiendo en un lujo que pocos están dispuestos a vivir y disfrutar.

En las salas de espera de los pediatras o psicólogos, los bebés y los niños se la pasan contemplando un celular o una tablet, sin voltear a ver los juguetes que se han dispuesto para hacer agradable y divertida su visita. Incluso las mamás están perdidas en su teléfono, así sea que estén amamantando o dando el biberón.

Muchos niños pueden no llegar a desarrollar oportunamente la habilidad de sociabilizar, de jugar y hasta de pelear con sus iguales (esto favorece el bullying pero de ello nos ocuparemos en otra entrega) porque ponemos una tablet en sus manos cada vez que lloran o están aburridos, haciéndose cada vez menos tolerantes e incapaces de entretenerse por sí mismos. Son los niños que no pueden estar una hora sentados ni en la casa, ni en la escuela ni en el templo.

Si los padres estamos muy ocupados nuestros hijos gravitan entre el abandono y el aburrimiento.

La niñera virtual priva del afecto y las caricias que los niños necesitan para su desarrollo emocional. Cuando se piensa que el dinero puede brindarles un futuro seguro, digno y se les priva del afecto, de los valores y del ejemplo de familia, sólo consigue que los niños queden atados a un ciclo sin fin esperando inútilmente a que se les brinde tiempo y respeto. Aclaro: no todos los padres son así, pero existe una alarmante tendencia que va en aumento.

Cuando los niños se aburren y se les presta el celular o hacen un berrinche y lo controlan con un videojuego, o se les condiciona a sacar buenas calificaciones y la recompensa es más tiempo para sus videojuegos o bien, les va mal en la escuela y el castigo es quitarle los videojuegos, estamos reforzando un antivalor en el que los celulares, tablets y consolas de video son una recompensa o una moneda de cambio sobrevalorada por la que tienen que luchar y al mismo tiempo se renuncia a la responsabilidad de acompañar a los hijos y a la obligación de mantener el contacto visual con ellos, aniquilando la esencia de la infancia y produciendo en masa generaciones de niños zombis con pocas emociones positivas y muchos berrinches en una sucesión aparentemente interminable.

Nuestros niños necesitan mantener contacto visual con los padres y entender el lenguaje corporal en el cual con la mirada les demuestras amor, aprobación, molestia, un sinfín de emociones, para que ellos también aprendan a expresar lo que sienten de muchas maneras. Muchos pacientes en la consulta claramente lo reconocen cuando dicen “¡mi madre con una mirada me decía todo! Y ahora mi hijo por más que lo miro no reacciona”. Por supuesto que nunca reaccionará si lo condicionaste a mirar tu celular o tablet o la pantalla de tv del automóvil. Tú como padre eres responsable de esta crisis infantil, de esta ausencia de comunicación a través de la mirada y el amor, porque ese tipo de educación requiere de tiempo y ese ya no existe en la actualidad en muchos hogares. Existe un déficit de acercamiento humano, nuestros niños se sienten solos. Nuestros niños están desapareciendo, madurando antes de tiempo con toda la información de internet que no alcanzan a filtrar y asimilar.

No quiero dejar de mencionar que hay adolescentes que no saben cómo llegar a su escuela, al supermercado o al aeropuerto por culpa de “Barney el Dinosaurio que vive en nuestra mente y cuando se hace grande es realmente sorprendente”, de “Yuya” o de “Luisito Comunica”; es decir, siempre que abordan el automóvil en lugar de aprender a navegar y orientarse en la ciudad donde viven, van viendo y escuchando programas de TV, están perdidos en los videojuegos o ahogados en algún capítulo nuevo de su influencer favorito de moda.

Ayudemos a los niños a desarrollar sus capacidades y afrontar la vida real. Sabemos que la vida de hoy cuesta mucho y que hay que trabajar más, sin embargo, vale la pena invertir tiempo en los niños de hoy para no arrepentirse en una adolescencia que tenga un final imperdonable.

Nunca olvides que los hijos son el reflejo de lo que hacemos, cuida tus acciones y tus palabras y estarás cuidando las de tus hijos. El amor que sientes por ellos lo vale.

“De qué sirve que un niño sepa colocar Neptuno en el Universo si no sabe dónde poner su tristeza o su rabia.” (José María Toro).

Psic. Clínica Erendira Paz

Cédula: 8156408

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Cel: (667) 996-3761

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