En diciembre decimos que es época de amor porque celebramos el nacimiento de Jesús y es verdad; es cuando nos tocamos el corazón y nos preocupamos por ayudar a los pobres para que tengan cobijo y alimento.

Ayudar, servir es un acto de amor, este mes celebramos el Día del Amor y la Amistad. No estoy en contra de esta mercadotecnia porque ese día es una oportunidad para expresarles a nuestros seres queridos lo importantes que son en nuestra vida. Pero sí me cuestiono por qué no celebrarlo cada día, no sólo diciembre y febrero.

El exterior es el reflejo de nuestro interior. Desde niños contactamos con el dolor a través del rechazo, la injusticia, la violencia física y psicológica, de esas etiquetas que van marcando nuestra manera de ser, etc., que afecta nuestra autoestima y el amor a nosotros mismos y por supuesto, afecta a los demás porque si yo no me amo, cómo voy a amar a los demás.

Del dolor surge el miedo, la tristeza, el enojo, la envidia, el rechazo, la soberbia, la ansiedad, el juicio, etc. Ese dolor, esas inseguridades, esa carencia de amor van quedando guardados en nuestro corazón, dormidos. Digo dormidos porque la manera en cómo reaccionamos ante esas pequeñas pérdidas es ignorarlas o evadiéndolas u olvidándolas, pero originó un dolor que quedará guardado y resurgirán algún día.

¿Cuántas veces has reaccionado con enojo hacia ciertas circunstancias o situaciones que vives? Por ejemplo, un día percibí una injusticia hacia una persona, eso me molestó y no fue conmigo. Ese enojo que se originó en mi por la injusticia, me hizo darme cuenta que la injusticia era un canal de dolor que yo tenía desde niña pero estaba guardado en mi subconsciente.

¿Qué necesito hacer? Trabajar mi canal de dolor sobre la injusticia, hacer una introspección de en qué momento me sentí así, cómo fue, con quién y hacer un trabajo del perdón. Si no recuerdas esa situación, también se puede hacer un ritual del perdón.

Dicen que lo que te choca te checa, pero es muy fácil verlo en los demás y muy difícil reconocerlo en nosotros mismos. Las personas son nuestros espejos, nuestros maestros que nos permiten mejorar, sanar para dejar las tristezas, enojo, miedos, etc., y poder vivir en el amor.

El amor es el ungüento universal que abraza el alma, es lo que nos alimenta, nutre y da fortaleza.

Queremos que el mundo cambie, el mundo no va a cambiar si no cambio yo; cuando yo cambio, mi entorno cambia. Si todos trabajáramos nuestros canales de dolor podríamos vivir en armonía y en paz.

Te invito a cuando te moleste algo de alguna persona, agradéceselo y revisa en ti porqué te molesta. Se necesita humildad y valentía hacerlo pero es para tu propia evolución. Transformemos nuestro mundo, nuestra vida y a nosotros mismos.

Hasta pronto.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga

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