Seguramente te has preguntado si es miel lo que adquieres, pues bien, existen algunos aspectos a considerar para descubrir y saber si el producto que compras contiene agentes externos que invalidan su pureza.

La miel es un néctar natural recolectado de las flores y producido por abejas que transforman una sustancia líquida ligera y perecedera, en una más estable, rica en carbohidratos y cuya composición depende de las especies de las plantas de las que se haya tomado el extracto.

Aunque goza de fama de ser altamente nutritiva, lo que contiene en abundancia son carbohidratos, que aportan sus azúcares, como la fructosa y glucosa principalmente, pero también otros como la sacarosa.

La miel es fácil de adulterar al adicionarla con otros azúcares como la glucosa comercial, el azúcar común o el jarabe de maíz de alta fructosa. Leer la etiqueta es muy importante, si lleva cualquier otro componente añadido, ya no puede etiquetarse como miel.

La miel no caduca, no se echa a perder, la etiqueta debe decir: “consumo preferente, y fecha de caducidad”.

La mejor forma de reconocer la miel es aquella que se cristaliza. Lo anterior depende del origen de la miel y la temperatura del medio ambiente.

La miel adulterada puede encontrarse en los mercados públicos y en puestos de la calle, donde es común que los vendedores le agreguen jarabe de fructuosa, pedazos de cera y abejas muertas para hacer creer que es un producto puro.

En México, al año se producen más de 57 mil toneladas de este dulce producto. Yucatán y Campeche destacan por su producción, se realizan buenas prácticas para asegurar su calidad. Por ello, la miel producida en nuestro país es una de las más cotizadas en el mundo. ¡Consume miel mexicana!

Leave a comment