Hace años, un estudiante le preguntó a la reconocida antropóloga Margaret Mead cuál consideraba ella que era el primer signo de civilización. Ella respondió: un hueso humano del muslo con una fractura curada, encontrado en un sitio arqueológico de 15,000 años de antigüedad. ¿Por qué no herramientas para la caza o artefactos religiosos o formas primitivas de autogobierno comunitario?
Mead señaló que para que una persona sobreviva con un fémur roto tuvo que haber sido cuidada el tiempo suficiente como para que el hueso sanara. Otras personas deben haber proporcionado refugio, protección, comida y bebida durante un período prolongado de tiempo para que este tipo de curación fuera posible.
Con ello, la antropóloga sugiere que el primer signo de civilización humana es ayudar a alguien necesitado en las dificultades.
En estos momentos difíciles donde la salud está siendo puesta en riesgo, debemos permanecer solidarios ante los demás, con las personas que laboramos, familiares que convivimos, puesto que es un problema a nivel mundial que recae en nuestras manos y acciones, colocar nuestro granito de arena para evitar lo posible ante la contingencia, llevar a cabo las recomendaciones no sólo por nuestra persona, sino por las que nos rodean.
La humanidad se une ante la situación, hombres y mujeres trabajan por el bien común a pesar de poner en riesgo su integridad por los demás. Esto como ejemplo ante las circunstancias donde existen los valores cívicos, que no sea durante una condición emergente sino en cada día de nuestras vidas, donde seremos recordados por lo que logramos, quienes fuimos y pensar en lo que haremos.
Seamos compasivos, cultivemos la empatía, es momento de estar unidos. Bendiciones.

Eleana Carrasco

Editora General

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