Querido miedo, quiero agradecerte por cuidarme, por protegerme, por vigilarme.

Sé, que sabes que tengo historia, que me han lastimado, que me he lastimado a mí misma, que me he estado ahogando en mi dolor, que he querido salir huyendo, que he querido desaparecer.

Yo sé que sabes que esta existencia suele ser dura, que la realidad golpea, que la indiferencia de la humanidad lastima, que la destrucción colectiva asusta.

Y sabes, aunque el panorama se ponga caótico, que las personas que amo no me comprenden, sé que buscas protegerme, mantenerme a salvo, pues esa es tu función.

Me has detenido tantas veces, me has paralizado, aterrorizado, envenenado y hecho creer que no soy suficiente, capaz, que no doy el ancho, que para mí no hay, que hay algo malo en mí.

Te pido que me sueltes, que me liberes.

Aún en medio de este mundo, donde me enseñaron a vivir muerta de miedo, que todas las decisiones son basadas en ti, sé que puedo vivir sin ti, pues el amor a mí misma me sostiene.

Requiero esa libertad y este amor a mí misma para vivir en plenitud, para amar en entrega absoluta y total, para correr, viajar, reír a carcajadas, para sentir los besos de la persona amada, ver el sol, la luna, las estrellas, sentir la brisa del mar, el viento en la cara, el vibrante amor por cada célula del cuerpo, la vida misma manifestándose en cada latido de mi corazón, la música haciéndome vibrar.

Querido miedo, me acostumbré a vivir tanto tiempo contigo que me he descubierto teniendo miedo de perderte. Aun así, mi corazón valiente y mi espíritu guerrero están listos para vivir sin ti.

Gracias por ser mi gran maestro y acompañarme la mayor parte de mi vida. Te honro y te bendigo.

Te abrazo y me lanzo a vivir, vivir y vivir.

Por: Karla Rochín del Rincón

Lic. Ciencias de la Comunicación, Psicoterapeuta Gestalt, Instructora Certificada Thetahealing.

Info. (668) 832-9863

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