En la actualidad, los niños disponen de una serie de vacunas que, administradas a muy temprana edad y con las correspondientes dosis de refuerzo, les garantizan una defensa eficaz frente a las enfermedades infecciosas de mayor difusión.

Durante el primer año de nuestro pequeño es necesario aplicarle determinadas vacunas para protegerlo de enfermedades infecciosas. Existen gérmenes que inducen en el organismo a la fabricación de unas sustancias llamadas anticuerpos, que en un próximo contacto con los mismos microorganismos los destruirán antes de que se desarrolle la enfermedad. A esta inmunidad se le llama activa y suele ser para toda la vida.

Otras veces estos anticuerpos provienen de otra fuente y no los fabrica el organismo. Es el caso del bebé, que recibe estas defensas a través de la placenta, durante la lactancia o bien, cuando se inyecta un suero hiperinmune o una gammaglobulina específica, rica en anticuerpos, de una enfermedad infecciosa concreta (tétanos, tosferina, parotiditis). El tipo de inmunidad que se genera de este modo dura sólo unas semanas, después de las cuales el individuo vuelve a estar expuesto al padecimiento de la infección si se repite el contagio.

Se trata de una inmunidad pasiva: el organismo recibe directamente los anticuerpos y no tiene que “esforzarse” en fabricarlos. Cuando estos anticuerpos se agotan la inmunidad desaparece. La finalidad de las vacunas es inducir al organismo, en el que se inoculan, a fabricar anticuerpos específicos, es decir se crea una inmunidad activa, que, si no es definitiva, sí es muy duradera.

¿Para qué sirven? Las vacunas o inmunizaciones tienen dos objetivos fundamentales: proteger contra las enfermedades infecciosas a nivel individual y colectivo, para que, a largo plazo, se consiga la erradicación de las enfermedades.

Las vacunas se elaboran a partir de gérmenes atenuados o inactivos: microbios vivos a los que se les ha quitado su virulencia o poder infeccioso sin perder su capacidad de provocar respuesta inmunitaria, sometiéndolos a unas condiciones de vida inadecuadas para ellos, como exposición a temperaturas que alteran su mecanismo de reproducción o agentes químicos esterilizantes.

¿Causa alguna reacción? Las vacunas pueden provocar reacciones, la mayoría benignas, como fiebre, malestar general y erupción al cabo de 2 a 7-10 días, dependiendo de la vacuna; inflamación de los ganglios regionales en el caso de la vacuna de la tuberculosis (BCG) y dolores articulares en la vacuna antirrubéola. Además, existen reacciones más tempranas, locales, consistentes en el dolor e hinchazón en el punto de la inoculación.

Las vacunas del esquema básico de vacunación son: BCG, Tuberculosis, Sabin, Poliomielitis, Pentavalente (Difteria, Tosferina, Tétanos, Meningitis, Hepatitis B, Triple Viral (Sarampión, Rubeola, Parotiditis).

No olvide consultar a su médico.

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