Por Sergio ceyca

Al ser Portugal el país invitado de la Feria del Libro de Guadalajara, diversos autores portugueses han hecho una escala en Ciudad de México para realizar una serie de presentaciones en las instalaciones que conforman el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En esta ocasión uno de ellos fue José Luis Peixoto (Portugal, 1974), quién el pasado miércoles 21 de noviembre presentó las nuevas traducciones y ediciones que Ediciones Arlequín realizó sobre tres de sus novelas: Nadie nos mira, Cementerio de pianos y, recién salida de la imprenta, Libro; a este evento también se unió la editorial Cuadrivio, que en su acervo tiene el libro El camino imperfecto.

Peixoto es originario de un pueblo portugués llamado Galveias y estudió Lengua y Literatura Modernas en la Universidad Nueva de Lisboa. Cementerio de pianos es una de sus obras más aclamadas y en 2007 obtuvo el Premio Cálamo Otra Mirada como la mejor novela extranjera publicada en España durante ese año. Sus libros no han tenido buena intromisión en México: cuando no eran difíciles de conseguir eran carísimos; ahora Arlequín y Cuadrivio los han puesto más al alcance de la mano de los mexicanos. Durante su charla con Felipe Ponce, el director de Ediciones Arlequín, Peixoto confesó que en una ocasión pasada en que visitó la Feria del Libro de Guadalajara sugirió a los asistentes mejor robarse los libros, palabra que le tomaron porque ese día desaparecieron cerca de treinta ejemplares. Sin embargo, la charla fue atendida por un buen número de personas que, en el momento de las preguntas, demostraron tener conocimiento sobre su obra. Al terminar, le realizamos la siguiente entrevista.

Has comentado, anteriormente, que empezaste a escribir tras conocer un semanario cultural en un periódico portugués. ¿Cómo fue este inicio?

Cuando yo era adolescente empecé a escribir poesía y eso es algo muy común: muchos adolescentes lo hacen. Creo, incluso, que la poesía es un género que es muy interesante para esas edades porque uno desarrolla maneras distintas de mirar las cosas y te ayuda en esos tiempos de tantos cambios. Al final de mi adolescencia, alrededor de mis diecisiete años, descubrí que existía un suplemento de un periódico nacional portugués que recibía textos de autores de mi edad: eso fue muy importante para mí porque ahí publiqué más de cien textos a lo largo de unos cuatro años y me brindó una práctica de escritura y una capacidad interpretativa sobre la obra de otros autores que me fue muy útil después.

¿Cómo diste el salto del semanario cultural a la publicación de libros con editoriales?

En realidad, mi primer libro lo publiqué en una edición propia: lo publiqué yo mismo, lo vendí yo mismo a mis amigos, lo hice todo independiente. Después, para mi primera novela, busqué una editorial en Portugal. En ese tiempo estuve enviándola por correo, esperando, y así tardé un año, que no es tanto tiempo en realidad, y por fin una editorial se interesó por publicarme. Para mi suerte en el año 2001 tuve la suerte de ganar un premio que en Portugal es muy importante llamado José Saramago y eso cambió mi vida porque lanzó una atención muy grande sobre mis libros y yo, incluso, he tenido la oportunidad de empezar a vivir de la escritura, a ser un escritor profesional. Desde entonces las cosas evolucionaron y editoriales de distintos países se interesaron por traducir y publicar y, por eso, ahora estoy en México.

También has tenido diversos acercamientos al heavy metal, en especial con la banda Moonspeel, ¿podrías contarnos cómo nace tu relación con este género?

A mí siempre me gustó el heavy metal, desde muy joven. Empecé escuchando mis primeros discos de este género entre los once y los doce años; yo siempre lo vi como una vocación, algo que no sé explicar bien pero que para mí tiene sentido. A partir de ahí continué adentrándome en este género musical que ha tenido mucha importancia para mí porque, me parece, es un género que si uno lo profundiza puede sumergirse hasta abordajes artísticos muy interesantes, ángulo que para mí ha tenido una relación muy directa con la literatura que, de algún modo, es mi área preferencial de expresión. Y muchas veces esa relación no es tan clara: hay aspectos y proyectos como el que desarrollé con la banda Moonspell en la cual la relación es transparente, pero hay otros momentos en que no siento así, está presente y es muy importante para mí.

En este momento están promocionando en México la más reciente traducción de “Libro”, me gustaría que nos hablaras un poco sobre su concepción. ¿De dónde surge?

Esa novela empezó por dos ideas importantes en su trama pero que, en realidad, son muy distintas entre sí mismas. La primera es el título, que es un título importante, yo creo que no podría escribir una novela llamada así si no lo tuviera desde el inicio: es demasiado impactante, influente. Al mismo tiempo estaba mi deseo de escribir sobre la inmigración de portugueses hacia Francia en los años sesenta, el cual es un tema que en Portugal también tiene mucha relevancia porque fueron más de un millón y medio de portugueses que hicieron ese camino, y eso representa el quince por ciento de toda la población del país; además, este era un tema que yo nunca había visto tratado en las novelas, aunque sí en la literatura portuguesa porque hay libros de poesía que tratan el tema, y por eso me pareció un tema interesantísimo. Así nació la novela entre estos dos asuntos que son diferentes entre sí, que aquí se van mezclando a través del tema de los libros, pero también sobre inmigrantes.

Ahora que mencionas el asunto de la migración, ¿qué opinión tienes tú sobre incluir los temas actuales en la literatura? ¿Crees que uno debe de ser cuidadoso?, ¿qué el escritor tiene alguna obligación? Lo pregunto relacionándolo al abordaje que en los últimos años ha habido en México sobre la violencia y el narcotráfico.

Creo que el tabú siempre es un enemigo de la literatura. Es decir, cuando hay un asunto sobre el cuál la gente tiene problemas de platicar, ese es un buen tema para la literatura, porque la literatura es una forma de expresión y por eso defiende la expresión, defiende la positividad de hablar de los temas. El tema de la migración es muy importante: ahorita mismo, en este momento en México, es muy relevante, mucha gente tiene sus vidas afectadas por tal asunto, y por eso la literatura también puede ser una investigación social, también puede tener su relevancia a ese nivel. No quiere decir que la literatura esté intentando convencer a los otros sea de lo que sea, pero me parece importante e interesante que haga sugerencias y que sea un mecanismo que ponga a los otros a pensar y llegar a conclusiones propias sobre asuntos relevantes. También a la hora de escribir son importantes los grandes temas (el amor infinito, la libertad sin límites, la muerte), temas que son ideales y absolutos. Yo creo que esos absolutos son inalcanzables, de algún modo, pero eso no puede ser una razón para dejar de buscarlos, dejar de pensar sobre ellos y verlos como un horizonte, algo a lo que aspiramos, y que seguramente pasaremos parte de nuestra vida intentando alcanzar en el caso de las cosas buenas, pero siempre sabiendo que son una tarea de todos los días, son una búsqueda, sabiendo que de seguro no llegaremos a alcanzarlos pero siempre seguiremos intentándolo.

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