Estambul: Ciudad de contrastes caóticos

Estambul: Ciudad de contrastes caóticos

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Abre bien los ojos, no salgas a la calle medio dormido o cansado porque esta ciudad te exigirá que uses todos los sentidos al máximo.

No es fácil, hay que estudiarla y acercarse sin complejos, ni estereotipos, recórrela a tu ritmo y sobre todo con los ojos bien abiertos porque el loco tráfico te podrá arrollar en cada esquina o callejón. Si tu plan es usar un auto en esta ciudad, cometerás un grave error pues el tráfico es tan caótico que las callejuelas pierden sentido y las motonetas aceleran a escasos centímetros de tu paso. Lo mejor es caminar y usar el transporte público –que es de primer nivel, pero recuerda que en esta megalópolis milenaria viven más de quince millones de personas por lo que tendrás que convivir con toda su gente… ciudadanos y turistas que se fusionan con opiniones de política, religión y negocios.

El noventa por ciento de la población se declara musulmana y se mezclan con el turismo religioso que vienen de todo el mundo musulmán en peregrinación a orar en los recintos más antiguos y majestuosos del lugar, pero tú debes de evitar los más turísticos si lo que quieres es conocer la experiencia de sentir los rezos y alabanzas que se viven en estos edificios, por los que mi sugerencia es ir a las mezquitas más alejadas y no a las más grandes; puedo mencionarte un par pero la verdad las encontrarás por doquier, por esta razón Estambul es también llamada la ciudad de los minaretes.

Te sorprenderá el comercio y sus marchantes que, poniendo un poco de atención, te recordarán el viejo sistema de comercio en México pues no hace mucho tiempo pasear por cualquier centro en nuestro país era casi igual que un recorrido por el Gran Bazar y el distrito de Fatih. Hablando de similitudes…  te sorprenderá la coincidencia cultural que tenemos los mexicanos con el mundo islámico y no quiero entrar en muchos detalles religiosos pero al visitar cualquiera de las numerosas mezquitas podrás comprender que somos hermanos de diferentes madres, explicación que me dio un feligrés que se acercó a preguntarme de donde era mi procedencia y si yo era cristiano-católico, al razonar esta afirmación me hizo comprender muchas de la similitudes tanto físicas, espirituales, culturales, gastronómicas y económicas… debo de confesar que me sentí más cerca de los turcos que de los gringos y no sólo por mi aspecto físico –que mucho me confundían con árabe.

La ciudad es un claro ejemplo del tránsito del país que hace menos de un siglo era uno de los más grandes y longevos imperios, hoy en vías de la construcción de una república donde sus habitantes luchan internamente con el proceso de occidentalización al igual que otros países orientales aferrándose a sus antiguas costumbres y a la vez dan paso a la nueva era, este fenómeno es muy palpable al caminar por cualquiera de sus empinadas calles y callejones, paisajes urbanos hermosos, colores auténticos y olores penetrantes.

Necesario es ponerte en el contexto histórico pues no hablamos de una ciudad con mil añitos de nacida, estamos hablando de un lugar con historia de más de tres mil años y la estructura donde puedes palpar esas capas históricas lo encontrarás en Sultanahmet, ahí esta el edicto que concentra en sí las etapas de la ciudad. Santa Sofía fue el templo cristiano ortodoxo más importante del imperio bizantino, después lo convirtieron en mezquita y hoy en día es museo, pero no escribo más, es necesario que lo vivas.

Después de ahí, inicia una aventura a pie cuesta abajo franqueado por docenas de restaurantes de comida típica, aunque turísticos no te defraudarán en sabor y precio; una buena comida o cena ronda los $180 pesos. Pero no te quedes ahí, debes de bajar rumbo al no tan famoso Bazar de las especies, no tan grande, pero tiene todo lo que necesitas ver, comprar y vivir la experiencia del marchante para regatear un precio a tu medida. Justo ahí en esa zona, a unos pasos estará Eminonu, un lugar fascinante repleto de gente, antojitos callejeros, paradas de autobuses, trenes, barcos y tranvías. Desde ahí podrás tener una hermosa vista de Beyoglu y el puente Gálata te espera lleno de pescadores con caña y anzuelo, procura llegar ahí antes del atardecer para que encuentres un mar azul y el rojo crepuscular para que poco a poco descubras los famosos atardeceres de Estambul. Al cruzar el puente veras la torre Gálata y del lado derecho Karaköy, un barrio de viejos edificios a punto de colapsar que se intercala con restaurantes y hermosas vistas al Bósforo.

Quise iniciar este año con esta ciudad que no deja de rondar mi cabeza esperando regresar lo más pronto posible, pero hoy llegaré hasta este sitio de la enigmática Estambul, dividí este relato en dos partes y quizás tres para poder hacer un verdadero escudriñamiento a la ciudad de los muchos nombres.

Les deseo que este año no gasten su tiempo y dinero con nuestro vecino del norte y decidan conocer las maravillas de las historias sin mercadeo que existen fuera de este magnífico rancho.

Continuará…   

Por: Pascual Rico

Fotógrafo

Tel. 667 712 2060

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