Hoy en día se ha venido instalando la comodidad en todos los aspectos, hasta en la forma de comunicarnos y entablar relaciones, curiosamente en todo aplica el menor esfuerzo y para ejemplos solo basta voltear alrededor, hay miles a la mano y vaya que en la infancia muchos soñábamos con la automatización y el confort cuando veíamos el programa “Los supersónicos”. Y todo aquello, primero en la imaginación, llegó para quedarse siendo actualmente una sorprendente realidad.
Curiosa e inadecuadamente también en las relaciones aplicamos este confort y buscamos convivir con quienes piensan y opinan como nosotros, ¿porqué? No se necesita dialogar, ni encontrarse con el que es diferente, es más, ni siquiera implica “pensar”. Situaciones como el igualitarismo tan presente, confundiendo igualdad con la obligación de pensar todos igual, cuando igualdad no es identidad, somos iguales pero diferentes a la vez, la vida moderna quisiera robots en serie, mentes no pensantes sino obedientes, todo en automático. El dialogo es el encuentro con el otro, con sus formas, pensamientos e ideas particulares, con las redes sociales y los medios de comunicación nos conectamos con personas parecidas a nosotros llegando a pensar que todos pensamos igual y hasta se da la violencia abrupta si no fuese de esa manera.
Nos falta lectura reflexiva, lectura de pensamiento crítico, de interés por conocer distintos puntos de vista y apartar la intolerancia por el que no piensa como nosotros, esa patología de desacreditar al diferente y excluir sin el menor deseo de aprender del otro, del no escucho, ese individualismo moderno con sus enormes ventajas y un gran ego también impiden el crecimiento de la interrelación tan saludable para la sociedad. El “tengo derecho a ser feliz”, muy adecuado sí, pero ¿y el otro? ¿Tendrá que ser ignorado por el yo primero y tú después? ¿El yo necesito y deseo, el uso y tiro con el inagotable consumismo? Todos estos factores nos empujan a un rotundo narcisismo, el cual nos arrebata la oportunidad de conocer al otro, de enriquecerme en la interacción sana e inclusiva del toma y daca en la comunicación, el receptor y el transmisor, lo cual es un camino para poder amarnos y respetarnos los unos a los otros.
Evitamos la entrega reflexiva de diálogo y escucha por no tener conflicto pues solo queremos nuestras formas, nuestro estilo, nada que perturbe nuestra opinión ni nada diferente, solo seguir la corriente sin complicarnos, de esta forma difícilmente dejaremos la soberbia, la cual nos impide ver al otro y amar al otro tal y como es, con su diversidad y su particularidad muy respetables. Dejar el miedo y la comodidad de realmente entablar una conversación y una relación de juicios diversos, de búsqueda de la verdad, de escuchar otros puntos de vista y reflexionarlos en la interacción del recibir y emitir ideas es una forma humana de relacionarme con el otro, aun cuando se exponga la vulnerabilidad de mostrarse tal cual se es, un riesgo que necesitamos correr para humanizarnos.
La escucha necesita tiempo, dedicación, apertura, respeto, quien está demasiado ocupado difícilmente puede profundizar o aprender, incluso se pierde del placer de disfrutar una tertulia que permita mostrarnos otros estilos de vida y de pensamiento. Escuchar es también un acto de amor, de entrega, de verdadera humildad por conocer las necesidades del otro; el gran reto en el presente es guardar silencio para escuchar a los demás y curiosamente hay infinidad de propuestas y cursos para hablar en público, para convencer a otros, para ser escuchados, pero no para tomar en cuenta a los demás y la verdad, ¿quién no necesita ser escuchado? Es tiempo de detenernos a pensar qué tipo de comunicación estamos cultivando en el presente. ¿Qué estilo de diálogo practico en mi vida cotidiana? ¿Escucho? ¿Tomo en cuenta al otro? ¿Solo quiero estar con los que piensan como yo? ¿No permito ni tolero información diferente? Y, sobre todo, ¿con mi familia cómo es mi interacción?
La comunicación aparenta ser más enriquecedora e interesante en los tiempos actuales, sin embargo, hemos apartado la magia y el encanto del verdadero contacto con el otro, aún es tiempo, practiquemos acercarnos con el corazón a todo aquel que tenemos cerca.

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