Continuamos con la segunda parte de este especial de zonas arqueológicas de la cultura maya –la primera parte la puedes encontrar en nuestra edición Junio 2017–, con otras tres ciudades de gran importancia: Chichén Itzá, Cobá y Bonampak, especialmente ahora que esperamos con gran emoción que presenten y abran al público la ciudad Ichkabal, considerada más grande y más antigua que Chichén Itzá, que estuvo resguardada por la selva y fue descubierta apenas hace una década.

CHICHÉN ITZÁ

Yucatán

En maya, su nombre significa Boca del Pozo (Chichén) –de los– Brujos de Agua (Itzá), es uno de los principales sitios arqueológicos de la península de Yucatán.

La arquitectura monumental que ha llegado hasta nuestros días, que es emblemática del yacimiento, tiene una clara influencia tolteca. El dios que preside el sitio, según la mitología maya, es Kukulkán, representación maya de Quetzalcóatl, dios tomado del panteón de la cultura tolteca.

La zona arqueológica es famosa mundialmente por el juego de luz y sombra que en cada equinoccio ocurre sobre la escalinata del basamento piramidal conocido como El Castillo (Pirámide de Kukulkán). En éste, el sol, conforme asciende sobre el horizonte, va iluminando la alfarda poniente del basamento, creando triángulos de luz y sombra que parecen descender hasta la cabeza de serpiente en el desplante de la alfarda. Este evento, logrado a partir de la correcta orientación e inclinación de los planos del basamento, manifiesta el gran nivel de conocimiento astronómico y arquitectónico que los Mayas poseían, y que ha dado lugar a ser una de las culturas y regiones más estudiadas en torno a estos temas, además de la organización político territorial y la explotación de recursos.

Destaca también el Cenote Sagrado, que era considerado uno de los más importantes lugares de peregrinación de la cultura maya y a él peregrinaban personas de lugares muy distantes de Centroamérica como Piedras Negras.

A principios del siglo XX un cónsul estadounidense, Edward Herbert Thompson (1857-1935), se enteró de leyendas en las que se describía el sacrificio de doncellas ricamente ataviadas en el cenote, así que compró la propiedad en donde se encuentra, dragó el cenote y extrajo numerosos objetos que envió a su país vendiéndolos, principalmente al Museo Peabody de Massachusetts.

COBÁ

Quintana Roo

Hay diversos significados sobre su nombre, algunos de ellos son agua de las chachalacas, agua con musgo o humedad de agua, por la proximidad a cinco pequeños lagos.

Cobá fue una de las mayores metrópolis del mundo maya, hasta que su gran rival, Chichén Itzá, extendió su dominio. El yacimiento arqueológico está situado a unos noventa kilómetros al este de Chichen Itzá y a unos cuarenta al noroeste de Tulum, tiene una extensión de poco más de 70 kilómetros cuadrados y una red de 45 caminos (o sacbés) que comunica a los diversos conjuntos del sitio, y con otras comunidades menores, que seguramente dependían de su dominio.

Las primeras descripciones del sitio arqueológico se deben a los famosos viajeros John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood. En 1881 Teobert Maler tomó la primera fotografía que se conoce de Cobá.

La mayor parte de la ciudad fue construida con una arquitectura monumental estilo Petén correspondiente al periodo Clásico, y en el estilo costa oriental, perteneciente al periodo Postclásico. El asentamiento está conformado por más de 6,500 estructuras, pero el área excavada aún es muy pequeña. Se visitan tres grandes grupos de edificios. Del grupo de Cobá, junto a la entrada del yacimiento, destaca una pirámide conocida en el lugar como La Iglesia, a la que los lugareños consideraban un santuario, edificio de casi 25 metros de altura.

El camino o sacbé 9, el más ancho del sitio, conduce al grupo de Macanxoc de carácter religioso, donde pueden visitarse una colección de 8 estelas esculpidas, con altares y santuarios.

El otro grupo importante de construcciones se encuentra a casi dos kilómetros al norte donde se ubica uno de los edificios más altos de la zona maya, el llamado Nohoch Mul, que con sus 42 metros de altura, domina y corona el paisaje. La ascensión a su cumbre depara una inolvidable vista de la jungla.

Al suroeste del Nohoch Mul se halla el Grupo de las Pinturas, un conjunto de edificios construidos durante el Postclásico tardío. Su nombre se debe a los fragmentos de pinturas murales que se conservan en el interior del pequeño templo principal del grupo que, aunque de dimensiones modestas, es relevante porque tiene las construcciones más tardías de Cobá, edificadas con los sillares y materiales constructivos de edificios más antiguos.

BONAMPAK

Chiapas

Su nombre en maya significa Muros Pintados y en ello reside la fama de este sitio, ya que sobre los muros de los recintos hay pinturas muy vistosas, que aportan mucho, acerca de la vida cotidiana maya.

Bonampak está ubicada en la Selva Lacandona en Chiapas, México, a unos 30 km al sur de Yaxchilán, cerca de la frontera de México con Guatemala y pertenece a las ciudades de la cuenca del Usumacinta.

Se suele decir que la zona arqueológica fue descubierta por Giles Healy y Mateo Bolívar en 1946, quienes fueron informados por los indígenas lacandones, llegando varias veces a la zona, cuando se dirigían a realizar cultos en los edificios de la ciudad. Sin embargo, como en muchos otros casos, los indígenas ya conocían la localización del sitio, y el hallazgo se atribuye hoy a dos de ellos: José Pepe Chambor y Acasio Chan.

En Bonampak existen varios edificios de mediano tamaño, que circundan la plaza central; algunos de ellos poseen estelas muy bien labradas. Sin embargo, debe su fama a los murales que se localizan en uno de sus edificios, conocido con el nombre de Templo de los Murales, aunque su nombre técnico es Estructura 1. Se trata de un edificio con tres habitaciones, completamente pintadas.

En 1948, se realizó una expedición del Instituto Carnegie y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Las paredes fueron limpiadas con queroseno, que volvió temporalmente transparente el recubrimiento y las pinturas fueron fotografiadas extensivamente.

Las pinturas datan del año 790 y fueron realizadas en una compleja técnica donde, sobre un enlucido fresco de cal, se aplicaron los pigmentos en un medio de agua cal (lechada), mezclado con un aglutinante orgánico. Los tres cuartos muestran una serie de eventos de su actualidad, con gran realismo. El primero representa una procesión de sacerdotes y nobles. Una orquesta toca mientras los nobles charlan entre sí. El segundo cuarto muestra una escena de guerra, con prisioneros a los que les son arrancadas la uñas de los dedos de las manos, sentados ante el Señor Chan Muwan de Bonampak. Se presume que los prisioneros eran preparados para el sacrificio humano. El tercer cuarto expone una ceremonia con bailarines, ricamente ataviados y usando máscaras de dioses y a la familia gobernante punzándose la lengua con agujas de maguey, hasta hacerla sangrar, en uno de los muchos tipos de sacrificio que practicaban los mesoamericanos.

Mary Miller, profesora de la Universidad de Yale, escribió que “probablemente, ningún artefacto antiguo del Nuevo Mundo ofrece una compleja visión de la sociedad prehispánica, como las pinturas de Bonampak. Ningún otro trabajo, relacionado con los mayas, nos acerca a la vida de la corte con tan gran detalle, lo que hace de Bonampak y sus murales un recurso sin paralelo, en la comprensión de la sociedad antigua.”

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