“Yo, la sabiduría, hábito con la cordura, y hallo ciencia de los consejos.” Proverbios 8:12

Me puede encantar y apasionar el tema de esta reflexión porque el tener consciencia de qué esperamos de nosotros mismos es un punto muy importante para conocernos y por consiguiente, saber las cualidades y limitaciones con las que cuento y poder ser influencia positiva en las demás personas, ser del tipo de personas que sin hacer mucho ruido deja huella en los corazones a diario y que cuando se acuerden de ti, sea agradable.

Claro que tenemos que entender que no somos moneditas de oro, como comúnmente se dice y que por ser tal vez alguien positivo, que siempre estás viendo para adelante, que te caes pero te levantas, que te equivocas y rectificas sin dejar de sonreír y ser feliz, eso le puede molestar a mucha gente y pueden armar una campaña letal en tu contra porque simplemente tienes lo que ellos no han logrado, paz en tu corazón y capacidad de reconciliación y admiración por la vida.

Esta reflexión surge de un café con las amigas, pero esas amigas que en el camino la vida las ha dejado a tu lado como si las hubiese pasado por un filtro muy meticuloso y que aun conociendo tus peores defectos están a tu lado y no sólo te aceptan sino que te aman incondicionalmente y te alientan a seguir adelante cuando te caes, te abrazan cuando estás triste y celebran contigo las victorias más importantes de tu vida, que pueden estar o no de acuerdo contigo pero te escuchan y aconsejan aunque termines haciendo lo opuesto. Pues les contaba que en este café platicábamos que alrededor de nosotras existe gente que no entiende por qué te mantienes unida a esas amigas y entre tantas conjeturas que hicimos en una mañana donde amanecimos inspiradas yo llego a mi propia conclusión, cuando no cubres las expectativas de las personas y no te aceptan como eres surgen dos cosas, se alejan de ti sin antes hacer su propia tarea de desprestigio; y porque no pueden estar a tu lado ya que no han aprendido a recibir lo bueno de las personas sin esperar nada a cambio y no sólo eso, empiezan a enfocar su total energía en ver los defectos que puedes tener olvidándose que en este mundo sólo existen personas imperfectas buscando cada día ser la mejor versión de cada uno de ellos.

Así que replanteamos la pregunta inicial: ¿Qué esperas de ti mismo para dar a los demás? Y la respuesta para mí tiene tres vertientes: Como persona individual, como persona dentro de una sociedad y como amigo. Trataré de ser breve en lo que podemos empezar a hacer en cada área.

Como persona necesitas honestidad. Si al verte frente al espejo no eres sincero contigo mismo y reconoces quién eres, qué te falta, cuáles son tus cualidades, defectos y qué necesitas para crecer, difícilmente podrás aportar algo positivo en los demás, es indispensable no solamente saber qué quieres y esperas de ti sino hacerlo y no quedarte sólo en el intento, si quieres edificar tu vida conócete y ponte en acción y/o reacciona.

Cómo influyes dentro de una sociedad. Es sencillo, sé positivo y muévete con un propósito cada día, la vida a veces no es fácil, pasan situaciones que te sacan de equilibrio y que parecen hundirte en un precipicio profundo y sin salida, pero tu actitud es la que determina tu reacción, definitivamente tus condiciones no deben ser pretexto para conducirte en la sociedad, las demás personas no son  responsables de lo que te sucede –sea bueno o malo–, así que siempre sonríe y sé amable, prepárate y no vayas por la vida contando tus éxitos, esos sólo son tuyos, al contrario, relaciónate con humildad y confianza.

Como amigo sé apoyo emocional y presente pero no juzgues, un verdadero amigo no condena, al contrario, perdona y olvida. No se aleja ni hace oídos de quienes por intereses personales empiezan a murmurar de ti y no valoran los años que caminaron juntos, aceptan que no eres perfecto porque de ti reciben lo mismo; los amigos se ayudan mutuamente a crecer como personas y siempre están buscando el bienestar común. Encontrar un buen amigo no es fácil, podemos rodearnos de muchas personas pero un amigo incondicional por siempre no es sencillo y si tú eres uno de ellos el mundo es afortunado de tenerte.

Esta reflexión es un regalo para todos ustedes desde el fondo de mi corazón y desde una mesita en un modesto restaurante de comida rápida donde tres amigas reímos, lloramos, compartimos y de vez en cuando no nos aguantamos pero que estamos siempre. Dedico este artículo a ellas, a quienes el filtro de mi vida ha dejado pegadas a mí: Nereida, Minerva, Gris, Adri, Brenny, Jaque, Beatriz y mi amada hermana Lur.

Por: Lic. Olga Beatriz Pérez Berrelleza

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