Lo que a continuación les voy a narrar, lo hago con la autorización de una amiga muy querida, quien me pide contar su historia de vida, aunque está repleta de esos acontecimientos que marcan socialmente, con la única intención de cada vez se presenten menos situaciones como la que a ella le tocó vivir. 

Teresa –vamos a llamarla así–, tiene entre 45 y 50 años. Es divorciada y cree firmemente en Dios, en la familia y en el amor. Por azares del destino se cruza en su camino un hombre a quien conocía desde tiempo atrás y este encuentro la llena de alegría y también de esperanza. Con el paso del tiempo, generan un espacio que Teresa juzgó y evaluó como de una total confianza, y siempre esperó que esta confianza fuera recíproca y plenamente reconocida. Nunca tuvo presente que no todas las personas ni comparten ni viven a plenitud los valores de la sinceridad y de la confianza. Y aunque era amable y cariñoso, siempre ocultó la realidad de su estado de vida actual. Omitió, cegada por el amor que empezó a sentir con él, revisar y cerciorarse con detenimiento cuál había sido su vida en el pasado y cómo era que estaba viviendo, sobre todo en el aspecto sentimental, su situación actual. Estaba ilusionada y llena de esperanza.

Para formalizar su compromiso, él le da un anillo hermoso. Pero cuando Teresa comparte en sus redes su estado, él se sorprende y se molesta. Le reclama diciéndole: “Eres egoísta y sólo piensas en ti”, “tus publicaciones le están generando un trauma a los hijos que tuve con mis parejas anteriores”. Con dolor y con sorpresa, Teresa accede a retirar sus publicaciones en las que anunciaba la formalización de su compromiso. Pensaba que la relación familiar era más importante, ya que los hijos de ambos convivían abiertamente y en un excelente ánimo. Teresa no sabía que él estaba en trámites de divorcio –lo cual para fines legales significa que seguía casado– y que además tenía segunda pareja; Teresa en realidad era la tercera. 

La convivencia entre los hijos era excelente y hasta salían todos juntos de vacaciones. Teresa finalmente dio cuenta de todos los engaños y en ese momento sintió que todo su mundo se desmoronaba ante sus pies que, como dice la canción ‘todo se derrumbó’, o como dice Gloria Trevi en su canción ‘no querías lastimarme, me querías matar’.

Teresa no entiende que en México la mayoría –no todos– de los hombres intenta siempre aprovecharse de las mujeres divorciadas y de las madres solteras actuando bajo el paradigma de que ellas ya no tienen nada que perder y que todo se les dará de manera fácil porque en ocasiones viven situaciones de carencias emocionales o económicas.

Teresa conoció a otra persona. Pero sus experiencias la han marcado. Avanza a ritmo más lento y tiene miedo, pero piensa que tiene una oportunidad de ser feliz con una pareja que la complemente. Ahora ella se ve radiante, sin miedo ni agonía, se ve libre en su forma de vestir, de ser, con sus amigos y estar con su familia. Me dice: ‘Hay que poner atención. Cuidar a los amigos, pero sobre todo a los familiares más cercanos, a los que más quieren tu bienestar y tu felicidad, escucharlos con apertura y atención, aunque por momentos sientas que te están regañando. Porque el enamoramiento nubla o incluso ciega el entendimiento. A veces es muy tarde cuando descubres no los errores sino los horrores que cometes con las personas que amas’. Y prosigue Teresa: ‘Es posible que ellos no siempre tengan la razón, pero tú tienes que escuchar y tratar de aprender de quienes tienen más experiencia. En especial, de quienes te han querido y han estado contigo toda tu vida’.

Teresa termina su narración reflexionando: ‘Las segundas y terceras oportunidades existen cuando tú tienes la dedicación, el empoderamiento y la autoestima suficientes para generártelas, en especial si estás dispuesta a asumir responsablemente las consecuencias de tus actos’.

Siempre es y será la persona: es el mismo ser humano el que te dice amar, quien te puede dar las mayores alegrías o el mayor dolor, vergüenza o engaño.

Mientras terminamos nuestro café, yo le incito a mi amiga: Recuerda, que no hay en el mundo un tesoro más grande que la paz. Es más importante tener paz, vivir paz y ser paz para los demás que tratar de entender por qué razones algo pasó de la forma en la que ocurrió. Teresita, amiga, mujer, suéltalo ya y descansa. Porque a veces no se trata de entender sino de aceptar…

Y de pronto te das cuenta, sientes que ya no lo necesitas, que, aunque creías que te morías si te faltaba, puedes sonreír y volver a empezar de nuevo. Porque el camino al éxito y a la plenitud está siempre empedrado de fracasos, derrotas y gloria.

La vida es maravillosa cuando tú eliges con optimismo, con firmeza y con prudencia el camino que quieres seguir para vivirla,  sin mentiras, sin engaños y siempre con la frente en alto.

Qué maravillosa es la vida cuando te eliges.

Por: Psic. Clínica Erendira Paz

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