Vivimos en un mundo donde el tiempo no nos alcanza, el acelere de la vida cotidiana nos trae deprisa. Les comparto un fragmento de mi libro “La Rosa de Cristal”, donde hago una reflexión de lo importante que es el tiempo:

Amanece, es lunes, suena el despertador a las 6:15 de la mañana y así comienza mi día de correr y de ir a trabajar. Soy maestra de inglés en una escuela primaria, llego muy entusiasmada y salgo exhausta. En las tardes continúo con clases particulares, pendiente de mis hijos y de la casa, así llega la noche, y, al día siguiente, es igual.

De repente escucho una voz que me dice: “detente un momento, regálame un poco de tu tiempo, te necesito”. Me quedo pensativa y me pregunto de dónde viene esa voz, y me doy cuenta que mi corazón me pide, desde lo más profundo de mi ser, un poco de atención.

La vida me envuelve en una rutina que hace que me olvide de mí. Me vuelvo mecánica para hacer las cosas que debo hacer para salir adelante.

Después de que falleció mi hija, mi tiempo era para sobrevivir: iba a trabajar, llegaba a mi casa y ahí me quedaba. No sabía qué hacer con mi tiempo, pues antes, mi vida giraba alrededor de ella. Quería estar sola. Me permití un tiempo de duelo, de tristeza, de llanto, toqué fondo y resurgí ansiosa de un cambio en mi vida.

Comencé a dedicarme tiempo, a buscar nuevas actividades para encontrar lo que tanto necesitaba…

· Dediqué  tiempo para rezar, encontré a Dios.

· Dediqué tiempo para valorar a mis hijos, recibí una gran lección.

· Dediqué  tiempo para mis amigas, encontré compañía y amor.

· Dediqué tiempo para reír, encontré a mi niña interior.

· Dediqué  tiempo para meditar, encontré paz.

· Dediqué tiempo para valorar mi trabajo, descubrí que recibo más de lo que doy.

· Dediqué tiempo para escribir, encontré una manera tangible para expresarme y sanar.

Estos encuentros toman tiempo y necesitan dedicación, esfuerzo y voluntad. Hay que darles la importancia que merecen. Dedico una tarde para quedarme en mi casa, sentarme en mi sillón, y, escuchando música, me concentro en lo que quiero escribir. No necesito estar sola, me conecto conmigo misma, y me surgen las ideas, aunque a la hora de escarbar surjan recuerdos dolorosos que serían un obstáculo para no continuar. Sin embargo, sigo escribiendo, pues quiero que mis hijos me conozcan, me comprendan y se sientan orgullosos de mí.

Estos tiempos son un regalo que me doy de mí para mí, pues mi recompensa es tan grande: me encuentro a mí misma, aprendí a estar sola, sintiéndome acompañada, y me reúno con una alma plena, en crecimiento, dispuesta a dar lo mejor de mí y ser feliz.

Vuelvo a escuchar una voz que sale de mi corazón, y que ahora me dice: “Gracias por tu tiempo”.

Te invito a que te detengas a escuchar tu corazón,  le dediques ese tiempo que necesitas para ti y necesitan tus seres queridos, es una manifestación de amor y, así, abrazarán sus corazones y su alma.

Hasta pronto y gracias.

Por: Yvonne Bulnes

yvonnerosadecristal@gmail.com

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