ARTÍCULO

Nuevos padres, nuevos hombres

“Todos necesitamos alguna vez un cómplice,

alguien que nos ayude a usar el corazón.”

–Mario Benedetti

Las mujeres del siglo XXI reclaman a sus compañeros mayor complicidad emocional, más comunicación, reparto igualitario de tareas y compartir los cuidados del bebé. Hoy en día, la implicación del padre en los cuidados de los hijos parece hasta natural. Ni siquiera se cuestiona. Claro que, sobre el papel, todo es armónico, como un bello concierto, hasta que la realidad desafina y nos despierta de esa dulce utopía.

Tradicionalmente, en su relación con las mujeres, se han situado en un plano superior o en un nivel de dependencia sentimental. Nunca en relaciones de igualdad. A muchos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su pareja porque los espacios masculinos (trabajo, deportes, ocio, etc.) siguen siendo competitivos y jerárquicos.

Educados para reprimir sus emociones, el modelo de relación aprendido de dominación-sumisión no es válido en el siglo actual. De pronto, se hallan perdidos, a la deriva en un mundo de exigencias igualitarias donde la autoridad del padre de familia, por suerte, ya no es sagrada. Hoy el respeto se gana, no se impone.

Estos padres igualitarios o padres cuidadores sienten una profunda soledad. Carecen de referencias en las que mirarse. Sin modelos sociales, sin aplausos familiares, sienten que pisan un terreno de arenas movedizas por el que no saben bien cómo moverse.

Los nuevos varones felicitan a las mujeres el 10 de mayo, las ensalzan, valoran, y apoyan sus reivindicaciones. Sin embargo, siguen “ayudando” en las tareas domésticas sin asumirlas como propias, evaden obligaciones con la excusa de la torpeza masculina o la ignorancia, lavan el coche pero no los baños.

Claro, que configurar esta nueva identidad no debe ser fácil. Aprender a construir una paternidad sin patriarcado, automoldearse, reconstruirse social y personalmente en un mundo tan cambiante, debe suponer un tremendo esfuerzo.

Resulta curioso y loable descubrir cómo algunos padres se han unido para revindicar estructuras más limpias, sanas e igualitarias en las relaciones personales y familiares.

Hay que felicitar a estos hombres que quieren y han optado por disfrutar de la crianza y del hogar a pesar de las presiones inevitables del entorno social. Y es que, nos guste o no, debemos admitir que el discurso machista campa a sus anchas también entre las mujeres. Podía justificarlo por la edad o la educación recibida, pero lo triste es que también se escucha en mujeres jóvenes.

Por suerte se van dando pasos, poco a poco, a pesar de los pesares. Hace unos meses, hablando con una pareja sobre los nuevos padres y su implicación en la crianza, el hombre confesó lo duro que fue para él el cuidado de su primer hijo. Su familia quería que él siguiera con el tradicional rol de hombre y dejara de hacer “cosas de mujeres”.

Cuando su hijo cumplió tres meses, su mujer le regaló el poema de Mario Benedetti No te rindas en un pequeño marco de madera blanca. “No te puedes imaginar lo que lloré leyéndolo, aún me emociono al recordarlo. Me ayudó muchísimo. Claro, que eso no se lo conté a nadie. Tampoco hacía falta. Sólo lo sabíamos ella y yo”.

Para estos nuevos hombres, nuevos padres, un pequeño homenaje en forma de este valioso poema de un hombre excepcional.

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas, que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya, y tuyo también el deseo,

Porque lo has querido y porque te quiero,

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor, no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

MARIO BENEDETTI

 

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