Estamos de nuevo al inicio de un año, un año inédito con sus páginas en blanco, un 2020 que, como todos los anteriores, tendrá sus sorpresas, sus altas y sus bajas. Ya celebramos el fin de año, ya recibimos el nuevo con las costumbres y tradiciones particulares de cada quien.

¿Ya pensamos qué vamos a escribir en sus hojas sin contenido? ¿Ya revisamos cómo estamos evolucionando en cada área? Familiar, espiritual, productividad, ahorro, salud, sueños personales; la lista es digna de revisarse pues somos un todo compuesto de muchos aspectos.

Un factor es: ¿qué puedo cambiar? y ¿está en mis manos? Otro es, ¿qué sucede en mi entorno que pueda transformar? Ponernos limites inalcanzables no tiene sentido, metas a corto plazo y lógicamente realizables le dan sentido a nuestra vida, conforme las logramos podemos proponernos más, identificando nuestro potencial trazaremos metas a largo plazo también. Otro punto importante es qué puedo realizar individualmente y en qué proyectos necesito hacerlo en equipo.

En nuestra sociedad, actualmente está más posicionado el individualismo que el trabajo en equipo; aunque sea necesario el trabajo de grupo se dificulta trabajar con el otro. Necesitamos sembrarlo en la familia desde las primeras etapas, porque todos deseamos transformar a la sociedad y hacerla más productiva, más unida, con más paz y respeto, pero ¿qué estamos haciendo en la intimidad del hogar? Todo lo que pedimos y deseamos inicia en el seno familiar y la primera infancia, así que un excelente propósito sería trabajar en familia, el principal equipo de trabajo, en donde se siembra la humildad, la generosidad, el apoyo mutuo, la paciencia. Exigimos fuera de casa lo mejor, forjemos entonces dentro de casa y en excelencia las bases para una sociedad como la que soñamos.

Acostumbramos algunas veces dejar que las cosas marchen solitas, es usual evadir la responsabilidad porque implica compromiso, suponemos que todo marcha bien, que los hijos nos aman, que tienen buena autoestima, que son bien portados fuera de nuestra vista, sin embargo, adentrarnos sutilmente en el mundo del otro, ya sea pareja, hijos, parientes cercanos o amistades incluso, nos es ajeno porque la costumbre es suponer y la comunicación clara y asertiva necesita detalles como verse a los ojos, hablar con honestidad, ser claro de ideas, no tomarse personales los comentarios, sugerencias o aportaciones durante el diálogo asumiendo, claro, que no se convierta en monólogo —como suele suceder con los adolescentes, que si de algo adolecen es no saber cómo comunicar.

Es importante recordar que la empresa más importante donde se gesta el futuro es la familia, recordar cuán amados son y necesitan escucharlo, tener una relación intrafamiliar, interdependiente donde todos aportan, todos reciben, todos aprenden. Se crece con las personas más importantes de la vida y a las cuales se regresa aun cuando los vuelos sean muy altos o muy lejanos, la familia es la que reconforta, la que recibe y abraza al ausente, a la cual se recuerda y se honra si así se sembró en el corazón, así será el amor que los una.

No es peccata minuta detenernos a pensar cómo es la relación con los nuestros y saber que siempre se podrá recapitular y empezar de nuevo si se hace con amor y comprensión antes que juicio. Iniciar un año no es sólo un número, no es sólo entusiasmo y propósitos lindos, es compromiso, es responsabilidad, es análisis profundo de quién soy, hacia donde voy, qué realmente deseo y tener firme convicción de lo valiosos que somos para poder compartir lo mejor de nosotros mismos y ser ejemplo congruente ante los nuestros. Hay mucho que hacer por la familia y por la sociedad, comprar un auto nuevo o gastar e invertir en tal o cual cosa nunca será más importante que la calidad de vida y de familia que estemos edificando, ¡salud por el nuevo año! ¡Salud por ser mejores familias y tejer una nueva sociedad!

Namaste.

 

 

 

Por: Paty Maytorena

Yoga Master

patymaytorena@hotmail.com

Cel. (667) 751-2884

 

 

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