La tecnología nos ha abordado prácticamente en todos los aspectos de nuestras vidas. La energía del día a día prácticamente es puesta exclusivamente en la tecnología y sus encantos. ¿Quién no ha perdido algunas horas de su día visualizando las redes sociales? ¿Quién no ha sucumbido en sus encantos? Ahora imaginen a los niños y jóvenes cayendo en esta red de tecnología, con magia, juego y diversión. ¿Cómo no van a sucumbir en tan tremenda tentación? Estos mismos niños y jóvenes comienzan a mostrar comportamientos que pueden demeritar sus estudios, volverse un poco intolerantes al no tener el videojuego o conexión de red para seguir jugando, volverse menos sociables, hasta el punto en que la ansiedad los invade, llegando a mentir para no salir o simplemente para no ir a la escuela.

Esto no solo ocurre en niños y jóvenes, también está pasando en adultos que inclusive pierden su empleo por ausencias. Estas personas sienten que hacer algo distinto a jugar es una pérdida de tiempo, porque efectivamente, se sienten como un adicto en periodo de abstinencia. Dejan de lado toda posibilidad de disfrutar a la familia, nadar en la alberca, andar en bicicleta, jugar fútbol, ir al cine, visitar un parque, llegando a perderse parte de su vida como el pelear con un hermano, discutir de vez en cuando con sus papás, etc. Todo esto es parte fundamental de la vida y el desarrollo de un niño, adolescente y un joven.

Los mecanismos que manipulan en la adicción a los juegos tienen que ver con la ganancia en el juego y por supuesto, que este sea el juego de moda, los influencers y la mercadotecnia de cada marca. La ganancia en dichos juegos es aumentar los puntos o score y poder comprar armas o equipo, así como subir a un nivel que represente una mayor dificultad. La emoción que sienten al ir ganando, desencadena la liberación de serotonina y dopamina en el cerebro, por eso se vuelve adictivo.

Conforme las horas de juego van incrementando, el cerebro se va acostumbrando a estos niveles elevados de neurotransmisores y, como ocurre con las drogas, el cerebro cada vez pide más, buscando mantener por lo menos el mismo nivel.

Si lo que hace mantener ese nivel es una sustancia, la persona buscará consumir la sustancia. Si lo que asocia esta sensación de gratificación es una conducta como videojuegos, pues éste busca cualquier medio para repetir la conducta y si no logra su objetivo se llegan a poner irritables, llorones, incluso agresivos.

Ellos como niños y jóvenes sólo buscan saciar su necesidad, necesidad que se dio al no tener horarios de juego, al no poner límites, no darles la oportunidad de una actividad recreativa, deportiva o artística. Ningún niño llega a sobrepasar estos términos si tiene padres que ponen límites en casa.

De aquí proviene el término niño rata, con el que se identifica a jugadores compulsivos, quienes piensan que tienen un mayor conocimiento o adiestramiento en videojuegos que no corresponden a su edad. Suelen ser niños entre 9 y 13 años, pre-adolescentes, metidos en juegos para jóvenes entre 15 y 18 años. Son prácticamente niños, que ni siquiera han cambiado su voz y carecen aún de un control adecuado de sus impulsos. Por lo tanto, si van perdiendo se enojan, tienden a culpar a otros jugadores, lloran, son agresivos en su vocabulario, se enojan, gritan, hacen rabietas, olvidándose que están “en línea”.

Esta situación llega a ser cansada y hasta insoportable para los demás jugadores, abriendo un espacio a situaciones de bullying. La comunidad que juega en línea, corre la voz por toda la escuela que señala a un alumno determinado como el niño rata, provocándole un mayor descontrol emocional. Esta situación, siendo honestos, no es totalmente culpa de los otros jugadores, porque aquí los principales responsables son los padres, al permitirle incursionar a un mundo que no es apropiado para su edad, ni tiempo de vivirlo.

Aclaro: No satanizo los videojuegos, expreso, por mi experiencia laboral y como madre de familia, que hay tiempo para todo, siempre y cuando están de acuerdo a su edad cronológica y edad madurativa.

Si desde el inicio nos contaran que en la infancia se define la salud mental de un adulto, entonces pensaríamos dos veces antes de corromper el alma de un niño con palabras y acciones tóxicas.

Por: Erendira Paz

Psic. Clínica

Cédula: 8156408

Correo: erendirapaz2017@hotmail.com

Cel: (667) 996-3761

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