Tenemos 60,000 pensamientos al día, y la mayoría son negativos.”

—Sharon Koenig

Ul dato, de la cita de Sharon Koening, tiene su fundamento en diversos estudios de neurología, en los que casi todos los científicos coinciden en el número de pensamientos diarios que tenemos.

Más allá de la cifra, de por sí excesiva, pues significa que tenemos 63 pensamientos por minuto, o prácticamente un pensamiento cada segundo, está el detalle alarmante de que la mayoría (más del 80%) son pensamientos negativos, repetitivos y del pasado. Ya podemos imaginar el desgaste mental y anímico que supone estar, día con día, con esa carga de negatividad, martilleada desde el cerebro; no es de extrañar que de ahí provengan muchas de las dolencias modernas, tales como la ansiedad, el estrés, la depresión y el insomnio, por citar las más recurrentes.

Es pues, que estamos frente a una nociva asociación en la que se juntan la cantidad (excesiva) y la negatividad (mayoritaria) de nuestros pensamientos cotidianos. Esta asociación, que no es una suma sino una multiplicación de la cantidad por la calidad, nos resultará extenuante y enfermiza si no hacemos algo para moderar esa explosiva combinación. La razón nos diría que habría que pensar menos y aumentar el positivismo; y la fórmula tiene lógica, pero nos faltaría el cómo, y ahora estamos ante dos retos: bajar la cantidad de pensamientos diarios y además llenarlos de positivismo.

¿Cómo facilitar el positivismo?…

•Elimina las fuentes de negativismo: noticieros, pláticas sombrías, programas de televisión, páginas de internet o videos que contengan drama y violencia.

•Sé racional y evita que te arrastre la emotividad negativa. Nuestra mente emocional no ve las cosas con frialdad, pero si cambiamos esos pensamientos por una visión objetiva e imparcial, empezaremos a tener una mejor actitud ante la vida.

•Aprecia y disfruta los pequeños momentos. Hay cosas tan simples que deberías tomarte el tiempo de valorar, e incluso de agradecer, como el hecho de estar vivo, contemplar un atardecer, pasar tiempo con la familia y las amistades.

•Evita el pensamiento blanco y negro. No todo es malo, así que fíjate en lo bueno y empezarás a permutar tus pensamientos, y a controlar tu mente, para entender que un evento aislado en tu vida no te define como persona.

•Sé positivo con tu cuerpo; porque pensar positivo no sólo depende del estado de tu mente, sino también de tu cuerpo… “Mente sana, en cuerpo sano”, dijo Platón, el filósofo griego.

•Ríe mucho. Está demostrado científicamente que la risa tiene efectos benéficos en la química corporal, y en la salud en general.

•Utiliza la treta del “pensamiento opuesto”. Cada vez que veas que viene un pensamiento negativo, piensa en su opuesto positivo. Es como ser más optimista. Bien dice el refrán: “El pesimista y el optimista tienen más o menos las mismas probabilidades de equivocarse; la diferencia está en que el optimista se la pasa mucho mejor”.

Pero… ¿Cómo pensar menos, si para eso está diseñado el cerebro? En principio, el cerebro no puede dejar de pensar, aunque sí puede pensar menos en aras de un mayor sosiego mental, de más paz y serenidad, de no sobrecargar la computadora mental. Para pensar menos se recomienda practicar hobbies, deportes, yoga, meditación, olvidarse del “multitask” y hacer una sola cosa a la vez.           

Finalizo con un cuento, acerca de un Rey que quería conocer al más feliz de sus súbditos, por lo que ordenó a sus mensajeros buscar por todo el reinado. Los mensajeros recorrieron pueblo por pueblo, hasta que encontraron una pequeña aldea en la que vivían todo tipo de personas, con diferentes personalidades, oficios y edades, y en todas ellas se notaba sufrimiento e infelicidad, pero no por su condición provinciana, pues los emisarios también habían buscado en ciudades de gente rica. La sorpresa que se llevaron los heraldos del Rey fue que, aquél que todos señalaban como “el más feliz”, era un humilde ovejero con retraso mental, y que sin embargo llevaba una vida más sosegada y sencilla que los demás. Como pastor, su día a día era bastante simple: llevar a pastar a las ovejas, cuidarlas, disfrutar de la naturaleza y de su trabajo, regresar por la tarde a refugiar al rebaño, cenar, rezar y dormir, y vuelta a hacer lo mismo todos los días, con pocos pensamientos en mente; y esos pocos eran simples y positivos. Cuenta la leyenda que la vida del pastorcito fue la más feliz, con más paz y serenidad que todas las otras vidas de los moradores de ese Reino.

El hombre es producto de sus pensamientos.”

–Mahatma Gandhi

Por: Manuel Sañudo Gastélum

Coach y Consultor

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