“Mi abuelo decía que el mejor regalo era la salud.  Y yo sonreía sabiendo que el mejor regalo era mi abuelo”.

Entrar a la edad adulta conlleva muchos cambios, muchas pérdidas que no son reversibles, el cuerpo se deteriora, la salud también, los hijos se van de casa, se casan y esto genera un vacío. Hay que aceptar esas pérdidas y reaprender a vivir con ellas. No es fácil, toma tiempo lograrlo pero sí se puede.

Las responsabilidades cambian, tenemos el tiempo que añoramos para nosotros mientras educábamos a nuestros hijos.

Ahora ellos ya volaron, en un principio nos cuesta trabajo adaptarnos a esa nueva vida. Qué regalo, ¡cuántas cosas podemos hacer ahora!

Nuestra espiritualidad crece, nuestra manera de ver la vida cambia, lo que antes creíamos que era muy importante, ahora sabemos que no era tanto.

Uno de los regalos más hermosos que recibimos en esta etapa, son los nietos.

¿Cómo un ser tan pequeño puede transformar muchas vidas?

·Con el sólo hecho de saber que vienen en camino, ya los amamos y hay tanto amor que no cabe en nuestro corazón.

·Los nietos nos recuerdan la esencia del ser humano, lo que todos somos pero lo fuimos olvidando, me refiero, al amor.

·Nos recuerdan la capacidad de asombro al ver cómo van descubriendo el mundo, la vida, nos hacen maravillarnos también.

·Con nuestros nietos nos permitimos sacar a nuestro niño interior, tenemos el tiempo y el estado de ánimo para ponernos a jugar de acuerdo a su edad y disfrutarlo.

·Vemos sus travesuras como grandes ocurrencias y podemos reír con ellos.

·Podemos consentirlos porque no tenemos la responsabilidad

de educarlos.

·Nos enseñan que la vida puede ser tan sencilla y nosotros

la complicamos.

·Nos confirman la presencia de Dios, cada día es un milagro.

·Nos dan un nuevo sentido de vida.

·Nos llenan de alegría.

·Los nietos nos enseñan la magia de vivir.

·Nos derriten cuando los escuchamos decir abuelo.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga

yvonnerosadecristal@gmail.com

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