Por primera vez en la historia de la humanidad los avances tecnológicos van más deprisa que nuestra habilidad para adoptarlos, la evolución tecnológica entró de unos años para acá en una fase de aceleración hasta ahora desconocida; esto provoca una falla entre el hombre y las máquinas que cada vez es más grande.

Además, la vertiginosa e imparable expansión del ser humano y sus máquinas han dado al traste con el equilibrio natural que existía, todo ha sido demasiado rápido. Estamos frente a una incapacidad de adaptación con nuestros interminables artefactos y dispositivos, cuando antes era por etapas y paso a paso, hoy todo este tsunami de innovaciones nos atropella y tiene una sola intención: hacer del ser humano único destinatario, un dependiente infinito.

Durante los últimos años ha ido mejorando la capacidad de adaptación generación tras generación, creaciones como la lavadora o el radio necesitaron décadas para formar parte de la vida cotidiana. Hoy en día, además de adaptarnos más rápido que antes, convertimos éstos aparatos en necesarios y sin ellos hay un vacío y una dependencia inimaginable para las personas del siglo pasado.

Lo que vamos ganando aún con los grandes beneficios, y no es mi intención quitarle valor a este progreso digital pues tenemos instrumentos maravillosos para la ciencia y la salud, por ejemplo, pero tenemos la vulnerabilidad si no lo consideramos a tiempo, de caer en una incapacidad de saborear la vida sin tecnología, de generar estados de ansiedad e impotencia al no poseer lo que deseamos, considerando que el deseo continuo es una de las barreras que impide un desarrollo espiritual profundo.

Por otro lado, el gran avance tecnológico produce basura electrónica a la par del insostenible desmantelamiento de las tierras para extraer metales y minerales necesarios para producirlos y que son básicos para la vida natural y el equilibrio de este planeta. El tema tecnológico con todas sus aristas es amplio, afecta a la naturaleza terrestre tanto como al desarrollo integral del ser humano. La tecnología puede ser excelente elemento incluso para la vida espiritual si sabemos en tiempo y forma cómo usarla y desde cuándo usarla. ¿Cómo vamos a poner en manos de un niño que apenas está desarrollando su cerebro un aparato electrónico que puede producir dependencia en su personita?

Creo que hay mucho qué pensar al respecto en cuanto a la etapa infantil, sobre todo con la modernidad nos llega el querer poseer todo lo que sale al mercado, dar gusto con lo más nuevo y lo actual, llenar a los infantes de lo que realmente no necesitan y es ahí el peligro, buscar a toda costa lo que no es necesario llegando a impedir un sano desarrollo, natural y espontáneo como lo es el de un niño.

El niño explora, descubre, con sus sentidos se va a adaptando a su entorno, aprende la empatía al tratar con sus semejantes, aprende con el contacto físico, visual, va relacionando el movimiento, los aromas, los sonidos, hay tanto por descubrir como para limitarlo con una pantalla por horas, incluso cuando su crecimiento debe ser lo más realista posible; ser, hacer, tener es lo último.

Para las fechas venideras de regalos y sorpresas consideremos todos qué lugar darle a la tecnología en la vida de los niños y los jóvenes, recordemos que su formación está en desarrollo, su organismo, su cerebro, su criterio, su horizonte se va pintando de los colores que los adultos les mostremos, tengamos la gran responsabilidad de saber qué elementos ponemos en sus manos y en su camino. Que tengan todos felices y amorosas fiestas donde lo que predomine sea el verdadero contacto humano. Bendiciones.

 

Por: Paty Maytorena

Yoga Master

patymaytorena@hotmail.com

Cel. (667) 751-2884

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