Fuimos educados con las creencias de que las emociones son malas, no se nos permite sentirlas, sobre todo a los hombres. Por ejemplo, los hombres no deben llorar porque es signo de debilidad, las niñas bonitas no se enojan o no lloran y porque tenemos que ser fuertes. Tampoco nos han enseñado que el dolor es parte de la vida.

Las emociones tienen una función importante y es inevitable sentirlas, pero lo que hacemos es reprimirlas.

Cuando alguien está enojado está tratando de ocultar otro sentimiento, puede ser tristeza, miedo, incertidumbre y el enojo le sirve para protegerse, para que no lo lastimen. Cuando estamos tristes, la posición física que tomamos es inclinar la cabeza, el mismo cuerpo nos dice que es momento de estar con uno mismo, de introspección. El miedo lo fabrica la mente y es cuando pensamos en el futuro, en algo que va a pasar y nos llenamos de él. ¿Cuántas veces te has preocupado de situaciones y éstas nunca suceden? Por eso hay que vivir el hoy y en lugar de preocuparnos, ocuparnos.

Sin embargo, a la hora de ocultar esa herida o ese dolor o esa emoción lo que hacemos es reprimirla o guardarla creyendo que el tiempo la va a curar, pero lo que realmente hacemos es aprender a vivir con ella, aunque duela.

Ante cualquier pérdida, se inicia un proceso de duelo, en éste proceso de duelo estamos muy vulnerables, las emociones se encuentran a flor de piel ante el dolor, pero las ocultamos para no preocupar a los demás.

Las emociones son contagiosas, si estás alegre me pongo alegre, si estás triste, me duele tu tristeza, si estás enojado me enojo, si te veo llorar, me duele y puedo llegar hasta llorar, entonces, cuando nos permitimos sentirlas, las personas no nos dejan, nos invitan a evadirlas diciéndonos que no estemos así. Cuando nos lo dicen, lo que hacemos es reprimirlas, pero eso no significa que ya no las sintamos y así vamos acumulándolas.

Dicen que el tiempo lo cura todo, el tiempo ayuda si es que trabajamos en ese dolor, si no, no sirve y empezamos a enfermar, nos duele la espalda, nos da cáncer, nos da gastritis, nos rompemos una pierna, nos da gripe, tos, en fin, cualquier enfermedad tiene su raíz en las emociones.

Hay un libro que se llama “Tú puedes sanar tu vida” de Louise L. Hay. La autora relacionó la enfermedad con la emoción y es increíble cuando uno busca un padecimiento tiene relación con alguna situación emocional que vivimos o estamos viviendo. Lo interesante aquí también es de que encontramos frases positivas para sanar esas heridas.

René Mey es sanador, vidente y humanista y también nos comparte que el 96% de las enfermedades son emocionales.

Cambiemos esas creencias de que las emociones no debemos sentirlas, hay que vivirlas, abrazarlas y así es como las vamos a ir liberando, aunque esto no quiere decir que es fácil, ni tampoco va a ser de la noche a la mañana, es un proceso.

Te invito a que te permitas vivir tus emociones, si estás enfermo, busques la raíz de tu enfermedad y la trabajes de manera emocional. La salud está en tu mente y en tu corazón.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga

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