Es un reto escribir un artículo con un tema tan complejo y necesario en estos días en nuestra sociedad. Es un tema además que surge de dos corazones que laten con un mismo sentir; uno por un lado aporta la idea y la otra parte la creatividad para poder transmitir la urgente necesidad de sensibilizarnos al dolor y necesidades de los demás, desprendernos un poco de nosotros mismos en un continuo egoísmo por satisfacer, la mayor parte del tiempo, caprichos y no necesidades volviéndonos egocéntricos y dando ejemplos incorrectos a nuestros hijos y quienes nos rodean.

Por lo tanto, esta reflexión nace desde lo más profundo de mi corazón buscando tocar las fibras más intimas del suyo y poder transmitir, si se puede decir, la frustración que puede ocasionar algunas veces el sentirse pequeño frente al mundo para poder suplir y aliviar tanta necesidad, dolor y angustia que vive la humanidad en general.

No concibo desde que tengo uso de razón el maltrato infantil, la violencia intrafamiliar, la desigualdad social, el hambre en el ser humano, países en la miseria y unos cuantos enriquecidos y favorecidos por el poder, de la misma manera no concibo tantas personas con la capacidad de poder hacer un cambio económico, social, cultural, educativo, espiritual, para mejorar la vida del ser humano pero que se han vuelto inmunes en su comodidad y delegan a las autoridades esa responsabilidad siendo que pueden ser de gran impacto en su entorno y así como se dejó crecer esta enorme bola de nieve cada quien ir derrumbándola.

Puedo parecer soñadora o idealista pero creo en las personas y en el poder que tenemos cada uno para ser mejores creando poco a poco un mundo mejor; creo en el corazón que late en cada ser viviente capaz de volver a sentir el amor y compartirlo; creo en las personas que sueñan por un mundo maravilloso porque creo e insisto que un día esto puede ser real y palpable.

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate de muchos.”

-Marcos 10:45

Para estas cosas se necesita valorarse uno mismo pero un valor real y sin ser religioso un verdadero valor como hijos de Dios, ese valor que te da identidad con el Creador y te permite ver la vida desde su perspectiva. Poder amar, sentir, actuar, dar y servir como él nos enseña para no sobrevalorarnos con los estándares del mundo actual sino con el real, verdadero y eterno.

Es necesario y urgente valorar a las personas, dejar de etiquetarlas y seleccionarlas por nivel socioeconómico, educativo, cultural, espiritual que sólo causan barreras y nos impiden dar el paso que necesitamos para la construcción pacífica y armoniosa de una mejor sociedad. Las etiquetas nos bloquean y dividen cosa que no necesitamos. Se necesita ser capaz de ayudar en el momento oportuno, desarrollar la capacidad de discernir cuándo es el momento de hacer algo por los demás y cuándo permitirles a ellos que hagan algo para sí mismos.

Dar amor desmedido, sin prejuicios sólo amar las personas por ser hijos de Dios siendo compasivos y misericordiosos, no alejarnos de alguien por su aspecto, sabemos que no vamos a remediar su situación en ese instante pero el sólo hecho de hacerles sentir que pueden creer en los demás eso es un gran paso, una palabra de aliento, una idea, acompañar en todo momento, eso es amor desmedido y sin ningún interés.

Las personas necesitamos aprender a servir sin esperar alguna gratificación y este es el gran problema mundial desde los que están arriba en el poder hasta llegar a nosotros. Nos cuesta servir, no nos gusta ayudar sólo por hacerlo, nos es difícil salir de nuestra zona de confort e ir a buscar ser útil a los demás, no hemos aprendido a ser serviciales. Una manera de lograr esto del servicio es sensibilizando nuestros sentidos, hablar menos, escuchar más, observar para saber hacia dónde podemos ir y solventar algún tipo de necesidad, debemos entender que no siempre es dinero lo que tienes que dar, la mayor parte del tiempo eres tú, tu tiempo y tus capacidades, se necesita tu creatividad y tu disposición porque lo demás es secundario.

Lo realmente importante es dejar a un lado la ignorancia y para lograrlo tienes que leer, informarte, saber cómo ayudar dejando la apatía y la flojera mental por el conocimiento que son las barreras para el crecimiento.

La médula de este mensaje es que no esperemos que las grandes instituciones, el gobierno, los millonarios del mundo y del país hagan esto, claro que deben de aportar y poner el ejemplo porque están a la vista del mundo pero nuestro trabajo es empezar en nuestro circulo de impacto, con nuestras capacidades, aptitudes y actitud correcta. No sólo lamentarnos, sino actuar… actuar hasta poder lograr pequeños cambios que produzcan un gran cambio, el resultado de esto es el amor, la verdadera libertad y la paz en el ser humano y el mundo en que vivimos.

La pregunta es… ¿Aceptas la invitación?

Por: Lic. Olga Beatriz Pérez Berrelleza

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