Un oficio que nunca termina es, en el Jardín Botánico Culiacán, una oportunidad para especializarse en el mantenimiento y reproducción de especies.


El amor por las plantas también se cultiva, se protege y crece pacientemente conforme pasan los años.

Gregorio Espinoza, jefe de Jardinería del Jardín Botánico Culiacán, detalla los matices de la importancia de este oficio en nuestra ciudad. “Para mí ha sido una experiencia muy bonita porque trato de transmitirlo a las demás personas y a mis hijos. A mí me gusta ir al cerro, al río, y ellos siempre respetan a las plantas porque yo se los he inculcado, y eso es muy bonito, que veas que lo que tú quieres les ayuda a ellos también”.

Gregorio –o Goyo, como le dicen sus compañeros– llegó a trabajar al Botánico cuando tenía 17 años, en 1997; ha visto jardineros ir y venir, les ha transmitido su conocimiento y, ahora, dos veces al mes también es maestro en el Club Bonsái, un arte que aprendió poco a poco y que es “un conocimiento que nunca se termina de descubrir”.

Actualmente son 36 personas quienes conforman el equipo de jardineros del Botánico, repartidas entre las cuadrillas de poda, mantenimiento, fumigación,  vivero, plantas acuáticas y estanques, que es la que requiere una especialización más profunda. “La labor del jardinero aquí en el Botánico es muy bonita, porque le puede enseñar cómo usar un equipo, cómo podar una planta, pero no se le puede enseñar a alguien a que le guste”.

Goyo es un apasionado de lo que hace y está convencido de que la importancia de esta labor es que los jardineros reciban la capacitación de manejo de plantas con cuidados más meticulosos, en el manejo de semillas, poda especializada y técnicas de reproducción; si entra un jardinero nuevo hay que darle las herramientas necesarias para que haga la labor que le corresponde lo mejor que se pueda, y se le enseña cómo es el trabajo que hay que desempeñar de principio a fin, siempre limpio, siempre con la responsabilidad de ser las manos que resguardan el tesoro de las colecciones botánicas.

“La palabra jardinero no es solamente podar, sino que conlleva mucho aprendizaje y si no se le enseñara a los jardineros como se hace aquí, se haría un mal manejo de las plantas. Yo creo que los jardineros del Botánico sí son los mejores de Culiacán”, dice Goyo, quien espera que cada vez se unan más personas al equipo o como voluntarios de jardinería.

Lo que más disfruta de su trabajo: “Me gusta llegar temprano, en la mañanita, y observar que las plantas estén bien”.

Por: Alina Midori Hernández

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