A lo largo de la vida en nuestra cultura mexicana hemos crecido con la idea de que “la familia es primero”, es algo que se presume y es reconocido a nivel internacional tanto en el cine, en las cuestiones gastronómicas y tradiciones, así como en los pequeños negocios locales, y se considera importante tenerla en cuenta para tomar decisiones, es prioridad para la convivencia, es el lugar donde podemos expresarnos libremente. Pero, ¿qué pasa cuando un miembro de la familia es diagnosticado con una enfermedad terminal, un padecimiento crónico, una adicción o un trastorno mental?

Es hasta este momento donde se descubre si en realidad se tiene una red familiar sólida, si en realidad se les puede confiar lo que pasa, si se cuenta con el apoyo moral, económico, tolerancia, paciencia, aceptación, la disposición de modificar tiempos para cuidar o acompañar al afectado, llevarlo a sus consultas, informarse con el médico, investigar sobre el padecimiento, opciones del tratamiento y finalmente, entender y aceptar que de algún modo también se ven afectados por esta situación inesperada y difícil de asimilar y manejar.

Se pone a prueba también la salud mental de quien cuida (a esto se le llama desgaste del cuidador) y la estabilidad de la dinámica familiar.

Cuando un miembro de la familia se desentiende, se aleja o se molesta con el enfermo con esta situación (como si la hubiera elegido) fractura de manera comúnmente difícil de reparar el vínculo familiar. Es importante entonces buscar ayuda externa y tanto apoyo como sea posible, por ejemplo: buscar terapia familiar, atención emocional individual y en algunos casos también la intervención de un tanatólogo e inclusive si la familia profesa alguna religión, buscar asesoría espiritual; contratar personal de enfermería o cuidadores si la situación económica lo permite, para que no se desgaste la relación del familiar cuidador o los familiares cuidadores entre ellos y con el afectado.

Si bien es cierto que no es la única red de apoyo y que en algunas circunstancias las personas logran tener más apoyo de desconocidos, es una de las más importantes e incluso, juega un papel importante en el pronóstico del paciente, en que sea consciente de su padecimiento, en que asista a sus valoraciones correspondientes, si se requiere algún tipo de terapia física que la lleve a cabo, que siga las recomendaciones y restricciones alimenticias; que tome los medicamentos prescritos de la manera indicada y de reportar al médico tratante algún efecto indeseable de los medicamentos, cambios en los síntomas o la aparición de síntomas nuevos.

Las crisis de algún modo ofrecen una oportunidad de mejorar y en este tipo de situaciones específicamente pueden mostrarle a la familia entera su capacidad de resiliencia (de crecerse ante las adversidades) y ser más unidos para cuando la siguiente situación adversa se presente y se pueda manejar de la manera más apropiada.

Reconocer nuestras debilidades personales y en la capacidad familiar de trabajar en equipo y de pedir asesoría y ayuda van a marcar definitivamente la diferencia entre una historia de éxito para el caso del paciente con padecimientos crónicos y la calidad de vida del paciente con enfermedad en etapa terminal.

Yo soy la Dra. Lucero Sánchez, médico especialista en psiquiatría y recuerda que la salud comienza en la mente de una familia unida, fuerte y resiliente.

 

Por: Dra. Gema Lucero Sánchez Gutiérrez de Lara

Médico Especialista en Psiquiatría

Psiquiatra de Enlace de Hospital Marina Mazatlán.

Cel: (669) 265-2033

Consultorio: (669) 112-1869

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Dra. Gema Lucero Sánchez

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