Por EMMA LEYVA

 

Entre tierra y piedras, a un lado de un arroyo que se forma en la temporada de lluvias, con un espacio que apenas les permite practicar, ahí juegan las Iguanas Verdes, un modesto equipo de fútbol liderado por la joven Edith Arredondo Rivera, quien ha hecho que los niños que viven en la colonia Invasión Solidaridad dirijan su camino hacia el deporte y los estudios.

Como una idea que nació en un proyecto que forma parte de sus estudios, Edith ha llevado esto más allá y junto con su hermano Carlos Arredondo hicieron que este espacio que estaba abandonado, tomado por malvivientes, con rastros de casquillos de balas debido a la zona y el clima de violencia, ahora es el espacio dónde estos niños de familias con situaciones difíciles han cambiado su modo de ver la vida y empiecen mejorar en su día a día. 

“Esta pequeña cancha rodeada de un canal y una calle que en tiempo de lluvias se convierte en un arroyo, era una zona frecuentada por personas con problemas de drogas, el ambiente no era nada bueno para los niños”.

Como psicóloga y futbolista, Edith tomó este reto junto con su hermano, quien ha sido jugador de fútbol profesional, y mencionó que cuando recién llegaron a este lugar los padres de familia se mostraron algo escépticos, pensando que esto se hacía por el interés de algo a cambio, a lo que ella les explicó que es parte de su proyecto de tesis, pero también es algo que quiere llevar en su vida para generar cambios reales en la sociedad.

Al principio del proyecto fue difícil ser aceptados por la comunidad, pero poco a poco las personas empezaron a respetar la labor de estos jóvenes, al darse cuenta de que era algo bueno para los niños. Ahora, cada vez que llegan a los entrenamiento, ya no son observados ni vigilados, simplemente los dejan trabajar con los chicos.

“Eran niños que sólo tenían acercamiento al deporte en educación física en la primaria y nivel barrio jugando en la calle con los demás; no tenían ningún acercamiento con alguien profesional que los pudiera guiar y decirles cómo se debe jugar realmente”.

Durante este tiempo, Edith como psicóloga ha detectado las necesidades que tienen estos niños que viven muchas veces en familias disfuncionales, un ambiente o zona con violencia y para ella el fútbol reúne muchas cosas que propician el mejor desarrollo de los menores.

“Es un proyecto para desarrollar a los niños y hacerlos felices con el deporte”, dijo.

Muchos de estos chicos han pasado por la muerte de algún padre o madre, viven en condiciones precarias, lo que les impide muchas veces llevar un desarrollo adecuado a su edad y es por ello que Edith ha puesto mayor empeño a este proyecto y poder ayudar a generar cambios y mejoras en los menores.

“Los problemas encontrados en esta zona son familias disfuncionales con graves problemas económicos, muchos de los padres de los niños han sido asesinados, por lo que viven sólo con su mamá o abuela, también existen casos donde se han quedado huérfanos por el hecho de que sus madres no han podido acceder a los servicios de salud y la medicina que necesitaban no les fue administrada por falta de dinero”.

A pesar de enfrentar este tipo de situaciones, los ánimos y ganas de practicar este deporte por parte de los niños siguen vigentes y aunque el terreno no es el más adecuado ya que la cancha es muy irregular, a veces son los mismos niños quienes buscan mantener su espacio en buenas condiciones y limpio para poder así continuar con su actividad favorita, que es ir a entrenar.

“Con la temporada de lluvias, no se puede jugar cuando llueve por el canal, además por la calle principal queda bloqueado el paso por el agua ya que prácticamente se convierte en un arroyo. Cuando se regresa a la cancha tenemos los estragos que dejó la lluvia”.

Para que los niños aprendan lo que es tener partidos de manera formal se les inscribió en el Torneo de Barrios, siendo algo meramente educativo y no compitiendo para siempre ganar, porque Edith está consciente en el nivel que se encuentran ya que sólo llevan un año entrenando.

En este aspecto, Edith como mujer ha tenido que pasar por rechazos y discriminación de otros entrenadores y de los organizadores del torneo ya que al ser la única mujer que dirige un grupo de fútbol varonil en el Torneo de Barrios, en las juntas no es tomada en cuenta y se le han presentado distintos retos que enfrentar en este sentido.

Asimismo con una situación económica difícil, el equipo para seguir en pie se ha sostenido de donaciones de conocidos y parte del recurso propio, así como  también algo de apoyo de los padres de familia, con lo que se ha podido comprar los uniformes para que estos niños puedan participar en algunos partidos ya oficiales, apenas con lo mínimo dan todo su esfuerzo.

Una de las metas para que el proyecto continúe es convertir esto en una IAP para que el equipo siga y se vuelva algo más grande, y así poder ayudar a más niños y encaminarlos hacia el deporte y los estudios, ya que el único requisito que se les pide para ser parte del equipo es que mantengan buenas calificaciones en la escuela.

“Como tienen carencias, ellos tienen hambre de resurgir, de aprender más, de ser alguien en la vida y a veces hasta tienen ganas de hacer más cosas porque quieren… son seres sensibles que nos enseñan mucho sobre humanidad, cosas que uno como adulto a veces olvida”.

La meta es hacer un centro de alto rendimiento que permita que los niños tengan todas las facilidades y el espacio para cubrir sus necesidades básicas en el desarrollo y que si un niño quiere dedicarse a esto tenga las herramientas necesarias, si no, al menos tendrá la formación para ser un joven sano.

Si deseas apoyar a los pequeños del equipo Iguanas Verdes, comunícate al (667) 194-4514 con Edith.

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