He insistido en que somos muy dados a culpar a los demás de nuestros yerros, a buscar culpables o pretextos para disimular nuestros desaciertos, a mirar la paja en el ojo ajeno y olvidar la viga que está en el propio. Mientras busquemos culpables y pretextos no tendremos claridad para ver la solución, y fatalmente volveremos a caer en el mismo error.

A manera de ejemplo, que me desconcierta sobremanera, sabemos que en la aeronáutica frecuentemente se habla mucho del “error humano” como causa, mayoritaria, por cierto, de muchos accidentes aéreos. Pero, analicemos el término… Si el error no es de los humanos, en la aeronáutica o en donde sea, ¿de quién es? Los técnicos de la aviación dirían que la pieza falló, que cayó una inesperada tormenta, que el motor se incendió, como si la pieza no hubiese sido construida, y mal supervisada, por un humano; como si la tormenta hubiese sido impredecible –y el piloto temerario–, y un peligro que, hace décadas era difícil de predecir. Y si el motor se incendió, ¿no sería la falta de mantenimiento del técnico humano? ¿O un motor mal diseñado por otro humano? O siendo más drástico, si el humano no hubiese inventado el aeroplano, no habría accidentes aeronáuticos, aunque resulte banal decirlo.

Un importante personaje de la industria de la aviación escribió que “el término ‘error humano’ induce a ocultar o encubrir el factor fundamental que debió ser analizado oportunamente, por lo que, en el nuevo enfoque de seguridad operacional, los errores humanos son solamente el punto de partida para encontrar los porqués”.

¿A qué viene este ejemplo sobre la aeronáutica?… Porque, así como se aplica el término de “error humano” en dicho sector, sin darnos cuenta también lo aplicamos en las demás áreas vitales; se ha difundido hacia diversas áreas de la vida económica, social o política, en las que se busca como culpable al factor humano, a una persona o a un grupo, dando margen para que el responsable sea un objeto, un sistema, un proceso, y hasta factores externos fuera de control del humano, incluido a Dios. Es cierto que un individuo no puede controlar todo, y tampoco la colectividad entera, pero aún así –en el fondo del análisis– siempre habrá la responsiva de una persona, y no de eventos o cosas inanimados.

Me viene el recuerdo de lo que escuché de un exitoso empresario, quien solía decir: –“Si hay robos en la empresa, debo evitar decir que ‘me’ robaron y aceptar que alguien malversó el dinero porque lo permití, aunque no haya sido consciente de ello, porque lo toleré, porque no puse los controles adecuados. Una vez hecho este acto de consciencia, doloroso seguramente, analizaré en dónde está el error, ya sea en la falta de revisiones, en una ineficaz selección de personal o lo que fuere, y hacer los cambios necesarios. Si no lo acepto, no lo podré corregir”.

Si realmente quieres enmendar tus descuidos, lo primerísimo que hay que hacer es buscar adentro de ti y preguntarte ¿en qué me equivoqué?, de otra suerte, repito, caerás de nuevo en las mismas fallas.

Para facilitar esta autocorrección, te sugiero que:

•Hagas un autoanálisis, de frente al espejo, y te cuestiones descarnadamente, aunque duela, hasta que veas en ti, en tu propia cara, tus errores.

•Pide retroalimentación sobre tus yerros, escucha todo, toma lo bueno de las opiniones y deshecha las mentiras disfrazadas de halagos. Algunas personas te mentirán, o te elogiarán, y otras evitarán la confrontación.

•Una vez responsabilizado por tus actos habrá que reconocerlo ante los demás, y sobre todo hay que rectificar y sancionar al culpable, pues en estos casos no hay nada más nocivo que la impunidad, que la irresponsabilidad.

“Errar es humano, pero aún lo es más culpar a otros de nuestros errores.”

–Baltasar Gracián.

Por: Manuel Sañudo Gastélum

Coach y Consultor

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Sañudo Gastélum

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