En la actualidad se habla mucho acerca de la marihuana; si se legaliza en alguna ciudad o país; si se hacen cremas o ungüentos para el dolor; si se hizo un aceite mágico que lo cura todo y que si es la panacea del mundo médico, pero en realidad sólo hay evidencia científica de su uso para algunos tipos de epilepsia y se están realizando estudios para su uso como tratamiento en afecciones como la enfermedad de Parkinson, la esquizofrenia, la diabetes, la esclerosis múltiple y la ansiedad; la investigación que respalda los beneficios del fármaco aún es limitada.

El cannabis es la droga ilegal más consumida y el inicio de consumo está comprendido entre los 14 y 15 años de edad en nuestro país, aunque por supuesto que en algunas poblaciones es antes. A través de los años las investigaciones en neurociencias han demostrado que su consumo habitual provoca cambios estructurales en el tejido cerebral que conllevan a deterioro en la memoria, atención, percepción, coordinación y concentración.

Hablando del uso recreativo de la marihuana hay que remarcar el hecho de que por lo general es la puerta de entrada a otras adicciones, dicho también por los mismos consumidores que desarrollaron dependencia a múltiples sustancias.

El cannabis sativa (la planta) como tal contiene más de 400 sustancias de las cuales sólo 60 son cannabinoides. Los tres más importantes son el THC, CBD y CBN. El THC es el psicoactivo principal y se encuentra en los brotes florecidos y en menor cantidad en las hojas.

El CBD es un químico que se encuentra en la marihuana. El CBD no contiene tetrahidrocannabinol (THC), el ingrediente psicoactivo que se encuentra en la marihuana y que produce los efectos que busca el adicto. La formulación habitual del CBD es aceite. Actualmente, el único producto de CBD aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (en EUA) es un aceite recetado llamado Epidiolex. Está aprobado para tratar dos tipos de epilepsia. Aunque con frecuencia se tolera bien, el CBD puede causar efectos secundarios, como sequedad en la boca, diarrea, disminución del apetito, somnolencia y fatiga, la disminución de la memoria a corto plazo, alteraciones en la percepción, alteración en la capacidad motriz o aumento del apetito.

El consumo de cannabis inicial a una dosis superior a la prescrita puede producir una fase inicial de estimulación con sensación de euforia y posteriormente una fase donde predomina la sedación. En algunos sujetos, especialmente en consumidores esporádicos o tras dosis elevadas, puede aparecer ansiedad, crisis de angustia e incluso síntomas paranoides.

Lo más importante que hay que recalcar es que hay personas con un mayor riesgo de desarrollar adicciones y enfermedades mentales debido a su carga genética. ¿Qué quiere decir esto? Significa que algunas personas son más propensas a padecer ciertos trastornos mentales debido a componentes genéticos hereditarios, experiencias que hayan tenido en su vida como violencia o duelos. Así mismo, existen trastornos mentales, principalmente del tipo ansioso y psicótico que pueden permanecer “dormidos” y detonarse con el consumo del cannabis.

En conclusión, su uso tanto recreativo como medicinal, no es recomendado en pacientes bajo tratamiento psiquiátrico o psicológico o en quienes tienen antecedentes familiares de trastornos mentales. Respecto a su uso medicinal la Organización Mundial de la Salud no recomienda el uso médico del CBD.

Existen muchas controversias al respecto aún, pero siguen corriendo varios estudios que nos darán información más acertada en un futuro. De cualquier modo, no ignores mis recomendaciones, cuídate y recuerda que la salud, comienza en la mente.

Por: Dra. Gema Lucero Sánchez Gutiérrez de Lara

Médico Especialista en Psiquiatría

Psiquiatra de Enlace de Hospital Marina Mazatlán.

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