Veo una sociedad llena de miedos, creencias y utopías que pocas veces tienen que ver con la realidad, como si viviéramos flotando entre una cosa y otra, primero creo esto y luego cambio, tengo tales deseos y después otros diferentes. Busco cumplirlos y si lo logro sigo insatisfecho, me llega de nuevo el miedo y vuelvo a empezar. Comentarios sobre falta de valores, sobre una sociedad enferma (y seguramente en decadencia pues no logramos ni ponernos de acuerdo con nosotros mismos mucho menos con el entorno, el gobierno, la naturaleza, la familia, las relaciones de trabajo, las amistades, etc.), son temas actuales.
¿Qué tenemos detrás de todo esto? Los cambios hoy en día son sumamente rápidos, impredecibles, pocas veces confiables y en ocasiones poco fácil para adaptarse. La incertidumbre vuela en el aire y la falta de fe abunda. Sin darnos cuenta el miedo, siendo una parte natural del ser humano, llega a tomar un tamaño tan grande que se desfasa y caemos en la ansiedad y/o desesperación. El miedo se crea frente a situaciones de peligro, es una emoción relacionada con los sistemas nervioso y endocrino, su sentido básico es el de protección para enfrentar situaciones de peligro; obedece a un mecanismo hormonal y cuando la señal es de peligro inminente el organismo segrega sustancias como adrenalina y cortisol preparando a la persona para correr, para enfrentar, el corazón late más rápido y se desencadenan una serie de cambios para combatir lo que esté ocurriendo en momento presente.
¿Qué pasa entonces cuando los peligros están sólo en la imaginación? ¿Cuando permitimos que ese miedo nos rebase pensando en el pasado, en el futuro o magnificando las situaciones? El miedo es válido y nos impulsa a defendernos, a ser mejores, a tomar riesgos que nos lleven al crecimiento humano, financiero, cultural, pinta cada día en la vida cotidiana y es parte del ser humano. Si lo descubrimos creciendo más y más al grado de robarnos la paz, la tranquilidad, el sueño, necesitamos practicar disciplinas que nos den tranquilidad como el ejercicio diario, tanto nadar, como caminar o correr, yoga o tai-chi, meditación o lectura, escuchar música y respirar profundo.
Pero si los miedos van a más allá de mi control y lastiman, coartan, bloquean, dañan tanto a mi persona como a los demás es indispensable y necesario pedir ayuda. Hay cinco pasos que nos pueden guiar:
Lo primero es dejar de huir, sentir que se altera el pulso, se hace un nudo en el estómago y parar, detenernos, respirar profundo y dejar de sacarle la vuelta.
Segundo, dejar de negarlos y aceptar con total humildad que sentimos miedo, así con sus cinco letras.
Tercero, dejar de luchar, de resistir, si me detengo y acepto mi miedo dejo de estresarme y ponerle juicios y etiquetas, simplemente tengo miedo y punto.
Por cuarto paso, abrazo mis miedos y los hago mis amigos, son parte de mi existencia y no soy el único, todos lo sentimos invariablemente en la vida.
Por quinto y último paso, afrontar los miedos como una oportunidad para crecer y ampliar nuestro horizonte. Si viajar me intimida, si hablar en público me pone nervioso pues empiezo a romper esas ataduras, cualquiera que se presente y sea digna de quebrantar para mi bien propio y el de los demás será un excelente camino de superación personal.
No dejemos que los miedos nos dominen, si es necesario pedir ayuda profesional y no caer en decisiones que calmen momentáneamente nuestras angustias como el alcohol, las drogas o cualquier adicción engañosa. Cuidarnos es nuestro deber y lograr cultivar la paz interior es un regalo.
Namaste.

 

Por: Paty Maytorena

Yoga Master
patymaytorena@hotmail.com
Cel. (667) 751-2884

 

 

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