Por: Manuel Sañudo

Es irónico que una de las pocas cosas sobre las que tenemos control es sobre nuestras propias actitudes, y aun así la mayoría de nosotros vive la vida entera comportándose como si no tuviera ningún control.

—Jim Rohn

Re fraseo el enunciado de Jim Rohn: acostumbramos culpar a los demás, queremos que los otros cambien, deseamos que las cosas y el mundo en general sean de otra manera, y todo porque no encajan en nuestros dogmas. Siempre creemos que la respuesta está afuera nuestro.

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, decía Mahatma Gandhi. Aunque algunos dicen que Gandhi insistía en que la transformación personal y la social han de ir de la mano; nunca dijo que bastase con el cambio del individuo. Todo lo contrario. En su lucha por un mundo mejor, Gandhi insistía en que sólo un grupo de personas trabajando juntas, con disciplina y persistencia, podría ser capaz de combatir la injusticia. De cualquier forma, este texto va sobre la idea de que nuestro ego cree que puede cambiar situaciones o personas que están fuera de nuestro control; dicho de otro modo, es más fácil ejercer control sobre nuestras emociones que tratar de cambiar lo externo, el que nos genera dichas emociones.

Olvidemos el exterior y volvamos al interior, a la idea de trabajar adentro de sí. De cómo modificar nuestras actitudes, dado que es “una de las pocas cosas sobre las que tenemos control” —repitiendo a Jim Rohn—, en la esperanza de que nuestra vida sea mejor, con más paz, más felices.

A pesar de que se dice que es más fácil controlar nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, y por ende nuestras actitudes, no es tan viable como se cree; se dice que no lo es, si lo comparamos con la dimensión de un cambio externo, ya sean los demás, el clima, un país, la sociedad, la información que circula por doquier y un largo etcétera de asuntos mucho más grandes y poderosos que nuestro ego. No obstante, el ego es el ego, es nuestro conjunto de pensamientos y paradigmas, que traemos desde niños, incluidos los heredados y los aprendidos en el camino de la vida. Es pues, que a pesar de que el reto es cambiar a un único ego (el propio) no menospreciemos su fortaleza, su rigidez y su habilidad para subsistir contra cualquier cambio que atente contra su estructura, contra su supervivencia.

Sé que cuesta trabajo creer que el ego es rebelde y escurridizo, y más aún que hablo de él como si fuera una unidad separada de nuestro intelecto; pero no, no es así, es parte importante de nuestra personalidad, la que nos define, que nos identifica, que nos dice cómo relacionarnos con el mundo exterior. Es todo un programa —como si fuera uno de computadora— que está bien enraizado en la personalidad, y esa fijación es lo que le da arraigo en la mente.

Regresando a la analogía de la computadora: imaginemos que hay un programa que queremos modificar, como si fuéramos un “hacker”, y el ego se defiende con sus antivirus, con sus defensas ante los ataques cibernéticos.

Ahora bien, si nuestro ego, y su paquete de paradigmas, nos funcionan, nos dan paz, quizás no haya mucho qué cambiar. Pero si no logramos lo que queremos, y sufrimos por nuestros vanos intentos de cambiar al mundo, es entonces que la realidad nos reclama un cambio. La pregunta obligada sería ¿cómo?… para ello nos ayudará que nos liberemos de: 

  • Sentirnos ofendidos por los demás.
  • La necesidad de ganar.
  • El agobio de tener la razón.
  • La necesidad de ser superiores.
  • El deseo de tener más y más. 
  • Identificarnos con nuestros logros; nosotros no somos nuestros resultados.
  • Preocuparnos por nuestra fama, de sufrir la inquietud por el qué dirán.
  • Cualquier sentimiento de culpa.

El primer paso es hacer consciencia, darnos cuenta, y con esto ya llevaríamos la mitad del problema resuelto. Una vez que hayamos hecho consciente lo inconsciente, lo que seguiría es rendirnos, dejar de luchar contra lo imbatible, y luego cambiar nuestras creencias, nuestros paradigmas, nuestra percepción del mundo… Así, la secuela inmediata será la paz interior.

“El ego cree que todos los problemas que hay que resolver están ahí afuera”.

—Enric Corbera

Rubén Manuel Sañudo Gastélum

El autor es Coach y Consultor de Empresas.

Correo: manuelsanudog@gmail.com

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