“De todas las estupideces que un hombre puede cometer, engañarse a sí mismo es la peor.”

Alicia Giménez Bartlett

Mentirse a sí mismo, como bien lo dice Alicia Giménez, es una infame estupidez;  yo añado que el auto engaño es sinónimo de falta de aceptación de nuestras sombras, de nuestros defectos y carencias, de nuestras fallas. Y así, en esa farsa contra uno mismo, la mente se cierra ante cualquier posibilidad de mejoría personal, y de paso cualquier progreso en el entorno del farsante.

El auto engaño es el acto de mentirse a uno mismo, y la clave principal, para definirlo y explicarlo, es considerar que la información verdadera es suprimida de la consciencia y sepultada en el subconsciente, ahí donde no se entra fácilmente, donde no “se ve”; es como esconder la basura debajo de la alfombra. La mente es tan poderosa que lo hace como mecanismo de protección, pues no podríamos soportar el peso de la verdad y preferimos mentirnos. En otras ocasiones, el que se engaña quizás lleve un objetivo más perverso todavía, como la manipulación o la promoción de su persona.

Esta manera de mentirse es como una forma del engaño, ya que ocultar la mentira a uno mismo puede llegar a hacerla mucho más invisible para los demás. Es un acomodo mental dirigido a incorporar nuestros engaños, y hacerlos de algunas maneras inconscientes, o poco visibles, para simular ser perfectos, ya que casi todas las farsas van encaminados a la autopromoción.

Cuando la verdad queda recluida al inconsciente, y la mentira a la consciencia, el coste emocional disminuye enormemente, ya que la mentira se convierte en creíble, tanto para el protagonista como para el resto de los oyentes. Las personas todo el tiempo observamos el entorno en busca de señales que deban ser atendidas o que deban evitarse; puesto que son el mecanismo de la atención, junto con el de la memoria, los que nos permiten recoger la información necesaria para nuestra existencia, y rechazar aquella que no nos interesa tener en cuenta.

Si alguna información es considerada como una amenaza, la respuesta suele ser la aparición de la angustia o el malestar, en menor o mayor grado. Es aquí cuando el autoengaño puede actuar y manifestarse, ya sea de manera consciente o inconsciente. Es como si cediéramos parte de nuestra atención por tener cierta sensación de seguridad, llevando a cabo procesos de desintegración de nuestra consciencia, perdiendo parte de nuestro interés en la situación y creando una especie de laguna mental. Es decir, utilizamos a la atención con el propósito de negar esa amenaza y amortiguar el golpe de la angustia. Sin embargo, este autoengaño puede resultar beneficioso en algunas ocasiones, pero muchas otras puede resultar ser inapropiado y disfuncional, para uno mismo, y para con los demás.

Si quieres ser mejor persona, tener paz interior, y ser “ecológico” contigo y con los otros, deberás realizar un brutal y descarnado acto de honestidad para sí mismo; deberás tener la valentía de mirarte al espejo, y enfrentarte para conocer tus sombras, por tenebrosas que sean, para aceptarlas, y aun así amarte como eres.

Traigo a cuento aquella frase de Carl Jung: “Prefiero ser una persona completa antes que una persona buena”, lo que significaría estar en coherencia emocional con uno mismo, en total auto aceptación, con nuestras luces y sombras, para mantenernos alejados del sufrimiento, de la ansiedad, y por lo tanto fortalecer nuestra autoestima.

Por: Manuel Sañudo Gastélum


Coach y Consultor

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