Los cerros, que hasta hace unas semanas estaban vestidos de ocre, gris y café, se muestran agradecidos por las lluvias del verano con abundantes tonalidades verdes recorriendo sus pendientes y vados.

Pero, ¿a qué se debe el cambio tan drástico en el color de los montes que parecen casi desiertos antes de la lluvia? El biólogo y documentalista del Jardín Botánico Culiacán, Guillermo Millán, explica que las selvas secas, como las que se extienden por todo Sinaloa, tienen vegetación que se caracteriza por quedarse sin hojas durante la época de estiaje para no perder agua –a las especies con estas características se les llama caducifolias– sólo quedan su tronco y sus ramas, se quedan en un estado latente en espera de las lluvias abundantes del verano.

Cuando en abril y mayo los cerros se ven secos pero distinguimos algunos puntos de color a lo lejos, es porque la energía que producen estas plantas aparentemente secas se destina únicamente a producir sus flores. Este es el caso de árboles como la amapa amarilla, la amapa rosa y la clavellina.

Así se preparan para las lluvias, sus semillas quedan dispersas en el suelo, y en cuanto caen algunas gotas empiezan a brotar lianas, hierbas y arbustos. Los grupos de plantas más dominantes en estos ambientes son las leguminosas como el frijol, el guamúchil, el mauto, el capiro, el navío, el ébano prieto, el cuchara, también la familia de las burseras como el copal y el torote, y las cactáceas candilabriformes, es decir, aquellas que tienen muchos brazos.

Este ecosistema característico de la sierra sinaloense y que vemos a lo largo de toda la entidad es también el que tiene mayor extensión en toda la república. Se le llama bosque tropical caducifolio o selva baja caducifolia porque sus árboles suelen ser pequeños en comparación a las selvas bajas perennifolias o los bosques de niebla y pino con árboles que superan los 20 metros, como sucede en los estados de centro y sur del país.

Cuando llega el verano y con él las lluvias, la selva baja se convierte en un entorno de abundancia y hay alimento para los animales herbívoros del monte como el venado, que se alimenta del palo blanco. Esta misma abundancia se reparte también para los controladores biológicos como los jaguares, ocelotes, pumas que mantienen el equilibrio en las poblaciones de roedores y marsupiales, animales que se reproducen con facilidad.

En algunos meses, cuando se acaben las lluvias, los árboles juveniles que pudieron crecer este verano se quedarán del mismo tamaño, parecerán varas secas pero eso sólo significa que estarán guardando sus energías para las próximas aguas, con las que podrán seguir creciendo.

Por: Alina Midori Hernández

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