La Colección Nacional de Palmas del Jardín Botánico Culiacán representa un extraordinario esfuerzo por estudiarlas, apreciarlas y conservarlas.

Algunas se ven como abanicos extendidos, otras parecen plumas gigantes, las imaginamos acompañando los diálogos de náufragos o como una promesa de las vacaciones; las palmas, además de majestuosas, son vitales para mantener el equilibrio ecológico, y su relación con la vida humana inició muchos siglos antes de nuestra era.

La función ecológica de esta familia vegetal reside en que son refugio para polinizadores como los murciélagos, y proveen alimento a las abejas y a algunas aves. Además de su rol en los ecosistemas, en todo el mundo se utilizan para hacer cestas, utensilios y refugios que pueden resistir hasta 30 años.

La Colección de Palmas del Jardín Botánico Culiacán, iniciada por el ingeniero Carlos Murillo Depraect, posee el mayor número de especies de palmas a nivel nacional. Actualmente son alrededor de 60, y gracias a la labor que se realiza aquí, está en constante cambio y crecimiento.

Guillermo Millán, biólogo y documentalista de colecciones del Jardín Botánico Culiacán, destaca que “es un proyecto de relevancia nacional porque ningún jardín botánico está trabajando con esta familia de plantas; posiciona a este proyecto como el único de conservación de estas palmas”.

¿Y cómo se forma una colección así? Todo inicia con la investigación, recorriendo la bibliografía de las especies de palmas que hay en México, su distribución y dónde se colectan. Más adelante se contacta a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para obtener el permiso de colecta –para una colección botánica no se pueden extraer plantas sin la debida documentación– y dependiendo de la metodología de cada investigador se programa una colecta, se va al campo, se saca el ejemplar, se pone en sustrato, se etiqueta, se identifica por medio de la literatura y empieza su viaje hacia el Jardín Botánico.

Para el traslado se requiere especial cuidado, se presta atención al recipiente en el que se coloca la palma, al sustrato que se le pone y a la luz que recibe. En viajes largos hay que hacer pausas para que el ejemplar se recupere del cambio.

Cada palma se entrega debidamente con su nombre científico, lugar y fecha de colecta, y esta información entra a una base de datos. Una vez que la palma se repone y se adapta a las nuevas condiciones, inician los protocolos de reproducción.

En un futuro, el equipo científico del Jardín Botánico Culiacán le apostará al cultivo in vitro con el propósito de reemplazar los especímenes propios y colaborar con el abastecimiento a otros jardines botánicos como el de Tuxtla Gutiérrez, Oaxaca y Veracruz, donde existen las condiciones ideales para que ahí también habiten estas magníficas plantas.

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