El amor que tenemos a nuestras madres siempre está presente, pero en su día buscamos darle regalos, cocinar para ella o invitarla a comer. Siendo un día tan importante, en el que disfrutamos su compañía y en el que si somos madres nos dejamos consentir, porque nada derrite más el corazón de una mujer que ser apreciada por sus hijos.

Precisamente, como madres nos ponemos constantemente en autoanálisis, preguntándonos si hemos hecho bien nuestra labor como madres. “Tener hijos no permite vaivenes del alma”, fueron las palabras que mi madre me dijo hace ya muchos años, palabras con un profundo significado que no logré comprender hasta el día en que fui madre.

Aquel pequeño ser no podría entender si un día no tenía ánimo para cuidarlo, para alimentarlo, para escucharlo, si me encontraba cansada, si tenía problemas con mi pareja. Sin importar lo que pasara en mi vida, no había cabida para la tristeza ni el enojo. Sufrir por aquello que nos lastima, por lastres que venimos cargando y que terminamos reflejando en los hijos de una forma que pensamos jamás ocurriría.

Es ahí donde aquellas palabras… los vaivenes del alma, no están permitidos. Y esto no quiere decir que debemos poner nuestra mejor cara y fingir que no pasa nada, no merecen nuestros hijos vivir una mentira. El significado implícito es la búsqueda de sanación de nuestros momentos de inestabilidad, de reconocer patrones y evitar dañar.

Y sabernos así formadores de consciencias, de hombres y mujeres de bien. Saber que podemos mejorar día a día, que podemos ser personas íntegras que no se desquitan por lo que les pasa con sus hijos. Que el amor a ellos es más grande y podemos sonreír aún cuando nos llueve.

El trabajo de amor que es criar a los hijos no es exclusivo de las madres, les corresponde a ambos, pero en este mes que honramos el amor de la mujer que nos trajo al mundo o de la que sin llevarnos en su vientre nos amó de la misma manera, deseamos agradecer profundamente y valorar una vez más sus sonrisas, su ternura y consejos. El saberla humana, con sus errores y sus aciertos.

Y amándola cada día también tenemos esta fecha de enorme valor sentimental para compartir. Un día que inició a principios de 1900 con una hija que deseaba conmemorar la admiración a su madre fallecida, admiración que todos tenemos por nuestras madres.

Amamos a nuestra madre, a nuestra abuela, a nuestros hijos, o a nuestros futuros hijos, y amamos la palabra mamá. ¡Felicidades!

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