Sé que es difícil creer que se puede organizar algo tan importante como una boda sin sentir presión, pero hoy en día es posible.

Rompiendo normas y viejas tradiciones llega el slow wedding, que no es un estilo, sino más bien una filosofía que tiene como prioridad la sencillez y se ha vuelto tendencia entre las parejas jóvenes que deciden casarse.

Este tipo de bodas tiene como fundamento que los novios disfruten al 100% la organización sin tener que experimentar el estrés prenupcial, tomando sus decisiones tranquilamente y olvidándose de algunas costumbres para volver la celebración más íntima.

Se enfoca en la celebración del amor y no en los grandes lujos, el festejo se da en lugares al aire libre y llenos de naturaleza como viñedos, campos, jardines o alguna playa.

La lista de invitados se reduce significativamente para que sólo asistan las personas que son realmente importantes e indispensables en la celebración, se le dice adiós a quienes están siendo invitados por compromiso.

Como ya lo mencionamos, la sencillez es fundamental, por lo que los códigos de vestimenta desaparecen para todos. El vestido lleno de brillos y hecho con metros y metros de tela que la novia suele usar se reemplaza por algo discreto (ni siquiera los tacones son necesarios), el novio deja de lado el traje para llevar lo que le haga sentir cómodo y a los invitados no se les exige ningún tipo de ropa en especial.

Olvídate del seating plan –protocolo utilizado en las bodas convencionales que establece el lugar donde cada invitado debe sentarse–, da la libertad a todos de decidir en qué mesa y al lado de quién disfrutarán el evento.

Tener una slow wedding implica ofrecer un banquete slow, que es un menú compuesto por comidas caseras o recetas tradicionales con combinaciones de frutas y verduras de temporada preferentemente cultivadas en la región, un festín completamente saludable.

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