La imaginación es la madre de la creatividad. Al imaginar y soñar, con nuevas ideas, proyectos o actividades, es como construimos lo que hacemos y lo que somos. No todos los sueños llegan a materializarse, pues sólo diez de cada cien se convierten en realidad; los otros noventa mueren prematuramente por diversas causas.

Los principales causantes de esa alta mortalidad son los que actúan como sicarios de las ideas ajenas. Están al acecho de todo pensamiento que se salga de sus rígidos cartabones, pues son personas negativas que se han autonombrado jueces y verdugos de los sueños de los demás.

Estos “asesinos” creen que obran de buena fe con sus agresivos comentarios, y no se percatan de que están matando una idea en embrión. Lo que me recuerda una frase que dice: “Fácil es opinar a favor del aborto. Los que lo hacen es porque están vivos, los muertos no pueden defenderse”. Con esta lúgubre analogía trato de evidenciar el gran daño que producen los que, de manera rutinaria y superficial están, como práctica cotidiana, aniquilando los sueños de los otros, con el gastado paradigma de que “soñar es para los niños”.

Soñar es requisito indispensable para concretar las ideas. Desde luego que muchos sueños pueden ser a primera vista una locura aparente. Sin embargo, los grandes, medianos y pequeños descubrimientos e invenciones nacieron de un ensueño de sus autores.

Se vale soñar… Es más, es indispensable. Soñar es figurarse escenarios y situaciones en el futuro, pero es importante que el soñador tenga bien puestos los pies en el suelo para concretar lo que soñó. Y si no tiene la practicidad y el ahínco, el soñador puede y debe complementarse con quien sí los tenga. De otro modo, el sueño fantaseado sucumbirá a manos de sus esbirros, o por la ausencia de realismo.

Lo que se ha soñado se puede ir validando y adecuando hasta que se traduzca en materialidades ciertas y rentables. De no ser así, pues ni modo, que quede como gasto de “Investigación y Desarrollo”. Gasto al que muchos empresarios le rehúyen y quizás por eso prefieren hacerse de las ideas (léase sueños hechos realidad) de empresarios exitosos, vía la imitación o vía la compra de franquicias… ¿Y dónde queda la creatividad?

En Estados Unidos el gasto empresarial en Investigación y Desarrollo es mayor que todo el PIB anual de México. Esa enorme suma nos dice la importancia que le dan a patrocinar los sueños y a desarrollarlos debidamente.

Hay que señalar que una adecuada “gestión de sueños”, o canalización de la creatividad de los empleados que laboran en la firma, debe tener sus cauces y sus reglas. Y también recompensas para los que aporten ideas valiosas. De otra suerte se actuará con desorden y la mortalidad de sueños se incrementará.

Finalizo con un fragmento del famoso discurso, “Tengo un sueño”, de Martin Luther King, Jr., proclamado durante la Marcha a Washington el 28 Agosto de 1963:

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe podremos esperar el día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podremos unir nuestras manos y cantar: “Libre al fin, libre al fin; gracias Dios omnipotente, somos libres al fin”.

Martin Luther King fue asesinado en 1968. ¿Quién iba a soñar, en aquel momento, que pasados 47 años del homicidio, un hombre afroamericano sería presidente de los Estados Unidos de Norte América? ¿Podría decirse que el primero que lo soñó fue el mismo Dr. Luther King?

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