ÁMBITOS

MICHELLE VERDUGO

Siempre fui de las personas que vivía feliz en Culiacán. Feliz con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y desarrollándome en lo que yo creía que era mi vocación: seguir con el negocio familiar y luchar por emprender uno propio.

Estudié la carrera de Mercadotecnia en la Universidad Tec Milenio, y a la par siempre trabajé, desde los 18 años, aunque en realidad siempre ayudaba a mi mamá desde chiquita.

Crecí dentro de una familia preciosa con mi mamá, mi papá y mi hermano. Una de las lecciones más grandes que me dio la vida que fue perder a mi papá, fue la bendición más grande que llegó a mí, porque me hizo amar la vida, a mis seres queridos, y madurar de una manera que creo que nada más me hubiera permitido.

Me gustaba viajar y visitar a mis amigos que vivían fuera de Culiacán, pero cuando mi mejor amiga y hermana de toda la vida decidió irse a vivir a la Ciudad de México, le prometí que pronto la iría a visitar. Planeé el viaje y cuando llegué por primera vez, me sorprendí. Había visto en la televisión muchísimas cosas (buenas y malas) sobre vivir en el famosísimo ex Distrito Federal, pero estar ahí ya era algo muy distinto, así que disfruté mi fin de semana, conocí todo lo que pude, y me prometí a mi misma que buscaría trabajo para volver y vivir ahí.

Una de mis mejores amigas se embarazó por los mismos meses, y cuando le conté que quería irme, me animó y me dijo que no había nada que me detuviera, incluyendo el negocio que había abierto con mucho esfuerzo, pero que seguramente mi mamá podría manejar en caso de que me fuera. Y así fue. Envié currículum a todos los lugares que encontraba en las bolsas de trabajo durante meses, hasta que por fin surgió la primer entrevista. Una empresa muy importante en México me llamó un viernes, para asistir a entrevista un lunes, y así lo hice. Compré mi vuelo y viajé con $3,000 pesos en mi bolsa. Me despedí de mi mamá, mi hermano y mi abuela, y con toda la seguridad del mundo les dije que los veía en dos semanas si no encontraba trabajo, pero eso no pasó, no regresé.

Al llegar a la Ciudad de México, hice muchas entrevistas para áreas de mercadotecnia y ventas, pero un día, el novio de una amiga me hizo reflexionar y me preguntó: Si pudieras trabajar en lo que tú quisieras, lo que sea que siempre hayas soñado (porque esa palabra usó), ¿qué sería?, y yo respondí: Yo quiero ser publicista, quiero hacer todas las portadas de las revistas que veo en los anaqueles. Así que me dio la tarjeta de un manager y para el siguiente día tenía la entrevista de lo que se convirtió en mi primer trabajo: el medio del espectáculo y las relaciones públicas.

Para no hacer el cuento largo, me dieron mi primer oportunidad pagándome lo de un trainee, después obtuve trabajo en otra agencia donde conocí a mi ex jefe, que es ahora uno de mis mejores amigos. Me enseñó la disciplina que hay que tener en este medio, el tacto con el que hay que tratar al talento y sobre todo, a convertirme para ellos en una persona de confianza y tener la inteligencia de saber llevar una carrera artística. Lograr que TODO lo que ves en las entrevistas en televisión, periódicos, revistas y demás, sea PERFECTO, que se expresen y vistan de la manera correcta, entre muchos otros detalles muy importantes.

Fue mi mismo jefe el que me motivó a buscar mejores oportunidades para mi, y así encontré mi actual trabajo en una agencia de management, relaciones públicas y marcas, en donde entré en el área de prensa y editorial como publicista y he tenido la oportunidad de trabajar muy de cerca con gente como Sandra Echeverría, Karla Souza, Erik Hayser, Mauricio Garza, Viviana Serna, Vince Miranda, Alfonso Herrera, entre otros.

Este trabajo me ha permitido aprender a negociar y cuidar los intereses tanto del artista como de los medios de comunicación, lograr proyectar sus carreras y elevarlas a un siguiente nivel con estrategias que planeamos dentro de lo que es un gran equipo en Bobo Producciones, y donde pretendemos que se muestren los proyectos en los que se encuentran nuestros talentos y reflejen una imagen limpia y profesional, para que eventualmente eso sea parte de que un crecimiento laboral y les permita conseguir siempre mejores oportunidades.

Nunca supe en realidad lo que quería ser, pero mientras lo fui descubriendo, me di cuenta que cada paso de mi vida me ha servido para motivarme a salir de mi zona de confort, para echarle muchísimas más ganas cada día a levantarme y tener un día siempre mejor que el anterior.

Ahora sé lo que se siente ser plenamente feliz, y lograr cosas que nunca soñé que se pudieran hacer realidad, pero que finalmente llegaron a mi vida para superar todas mis expectativas. Ahora, ver una revista en los puestos o en los supermercados con la cara de alguno de los artistas con los que trabajo es uno de los mayores placeres de mi vida, y volverme parte de proyectos tan importantes para gente tan especial como ellos, es una de las satisfacciones más grandes que me ha dado la vida.

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