Amar y querer no es igual, amar es sufrir, querer es gozar”, ¿será verdad este fragmento tan conocido de la canción Amar y querer que hizo famosa el cantante José José? Yo no estoy de acuerdo, sin embargo es muy común que se piense que cuando se ama el sufrimiento está implícito en la relación porque sentimos de cierta manera que no merecemos ser amados ni amar sin atropellos.

Cuando sentimos que hemos encontrado a aquella persona que nos hace sentir especiales y con la cual queremos estar siempre y compartir nuestro día a día, se nos presentan todo tipo de emociones: la alegría de saber que por fin hemos encontrado a alguien con quien compartir nuestros momentos, miedo de pensar si seremos realmente correspondidos, algunas veces la tristeza también se acerca cuando imaginamos historias de abandono, obvio, boicoteando nuestros momentos de felicidad.

Acuérdense que se sufre más por lo que uno se imagina que por lo que realmente está sucediendo. Y es entonces que de nosotros depende convertir ese amor en sufrimiento. Pero, ¿en qué momento desaparece esa sensación de felicidad que sentimos cuando conocimos a esa persona amada? En el momento en que pensamos que de esa persona depende nuestro bienestar emocional. El apego, queridos lectores, es el mayor destructor de toda relación sentimental sana.

“Mi existencia no tiene sentido sin ella”, “vivo por él y para él”, “ella lo es todo para mí”, “él es lo más importante de mi vida”, “no sé qué haría sin ella” o “te necesito”. ¿Qué tan habituales son estas frases en tu vida? Tal vez te parezcan familiares las frases mencionadas. Y al ser tan comunes, en la mayoría de los casos se pasan por alto o se les presta poca atención.

Según el nivel de dependencia afectiva, las expresiones y ‘declaraciones de amor’ pueden ser interminables, unas más conocidas que otras. Erradamente se cree que estas afirmaciones son verdaderas representaciones del más puro e incondicional de los sentimientos. Cosa que no es así.

Y entonces viene a mi mente otra estrofa de la canción “el que ama no puede pensar, todo lo da, todo lo da” y terminamos por quedarnos vacíos, y viviendo para él o para ella, pensando que de esa manera demostramos nuestro amor incondicional cuando lo único que conseguimos es alejar de nosotros a la persona que amamos. Y sabes por qué, porque sofocamos, porque solo demostramos nuestra inmadurez emocional. El apego emocional solo nos trae sufrimiento ya que ponemos en manos de otra persona el compromiso de nuestra felicidad.

Eckhart Tolle, “escritor espiritual” como algunos le llaman, nos dice “las relaciones no te causan ni dolor ni infelicidad, tan sólo sacan a relucir el dolor y la infelicidad que hay en ti”; wow, qué frase, tal vez nos incomode un poco, pero si reconocemos en nosotros esos momentos en los cuales queremos absorberle el seso a nuestra pareja e interiorizamos un poco en nosotros, podremos darnos cuenta qué es lo que me hace depender emocionalmente de alguien.

Si esperamos que esa persona sienta amor incondicional hacia nosotros, vamos a sufrir. Cada persona tiene diferente manera de amar, de entregarse y nosotros debemos de ser capaces de darnos cuenta que esa persona no nos pertenece.

“El que ama pretende servir, el que ama su vida la da”, sí, efectivamente cuando amamos no nos importa dar, pero debe importarnos, porque entonces estamos entregando nuestra soberanía y por que digo esto, porque tú, yo, él, ella, tenemos el poder de decisión y cuando ese poder lo entregas te quedas vacío.

Por lo tanto y resumiendo, amar no es sufrir, el que ama tiene que pensar, dar y recibir y sobre todo vivir, vivir amándose para así poder amar sin obsesión, con sosiego y sin apego.

Por: Graciela Cueto Serrano


Experta en Comunicación y Desarrollo Humano

Graciela Cueto en Pláticas de Café

@gracielacuetos

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