Uno de los temas “de moda” en la actualidad es el acoso escolar y la realidad es que no es algo nuevo, y también es cierto que muchos de los adultos de hoy fueron jóvenes acosados en sus etapas de escolar o adolescente y lograron de algún modo u otro salir adelante a pesar de ello; pero la realidad es que ha escalado niveles, a la par de los avances tecnológicos y la facilidad para difundir datos, fotos y videos en las redes sociales. Proviene del inglés bully que significa agresor e implica burlarse, molestar o golpear a un compañero de escuela. La palabra bullying se utiliza para describir estos tipos de comportamiento indeseado en niños y adolescentes. Existe además un término para este tipo de acoso en el ámbito laboral llamado mobbing, pero ese es otro tema que tal vez tratemos en otra edición.

Deben darse ciertas condiciones para hablar de bullying, entre ellas debe existir una víctima atacada por un abusón o un grupo y  por lo general hay evidente desigualdad entre el agresor y la víctima (por ejemplo un chico delgado y bajito con uno alto y corpulento o una chica popular con una poco sociable); no se produce solo un hecho aislado, es decir, se trata de una acción recurrente durante un periodo largo de tiempo y crea en la víctima miedo de ser atacado de nuevo. Tiene varias modalidades y puede ser físico: como empujones, patadas, agresiones con objeto; verbal: insultos, apodos, menospreciar en público, burlarse de defectos físicos o condición económica; psicológico: atacar la autoestima del individuo y provocar sensación de temor, y social: aislarlo del resto del grupo.

Ahora con los avances de la tecnología se suman nuevas formas de agresión como lo son el cyberbullying que se produce cuando el daño es recurrente o repetitivo infligido a través de un medio electrónico, pero no tiene como objetivo el acoso sexual, sino la agresión.

Es importante distinguir los tipos de agresores, que son el activo, es decir agreden mediante contacto físico. O el indirecto, es decir quien dirige o induce la violencia por parte de otros miembros del grupo.

Y también es importante diferenciar los tipos de víctima ya que existe una que es activa y provocativa, es decir de alguna manera se pone fácilmente en el blanco de las agresiones, suelen tener problemas para concentrarse y se comportan de forma irritante, lo que sirve de excusa al agresor. Pero también tenemos a las víctimas pasivas, es decir que no se defienden ni hacen nada ante la agresión.

¿Porqué los jóvenes no les dicen a sus padres cuando son agredidos? Las posibilidades de que un adolescente le comunique a sus padres que lo están molestando es de 1 en 10 y de que lo comunique a sus maestros es de 1 en 20, lo que piensan estos chicos en realidad es: si mis papás interfieren, en la escuela se burlarán más de mi; mis papás se avergonzarán de mi o no está bien ser un soplón.

Y lo más importante para los padres es advertir las señales de abuso escolar para poder actuar al respecto: Repentinamente no quiere ir a la escuela e inventa toda clase de excusas o enfermedades, con frecuencia se queja de dolor de cabeza, estómago o nauseas, no duerme bien, llega a casa con heridas sin explicaciones para ellas, hace comentarios iracundos sobre sus compañeros, no quiere hablar sobre la escuela, sus calificaciones bajan repentinamente, se va de la escuela a horas extrañas o por rutas distintas, no tiene apetito o tiene mucha hambre llegando a casa y parece siempre estar molesto, irritable o triste.

Pero, ¿cuáles son las consecuencias a largo plazo si no hacemos nada al respecto? Para el agredido: fracaso y dificultades escolares, alto nivel de ansiedad, anticipatoria, fobia escolar, autoestima baja, depresión, intentos suicidas, indefensión aprendida y en casos graves, consumo de sustancias.

Y aunque pensemos que no pasa nada si les permitimos a los jóvenes que continúen agrediendo, a la larga las consecuencias son peores de lo que imaginemos. La conducta agresiva inadecuada que persiste más allá de tercero de primaria, confiere mayor riesgo de problemas futuros en la adolescencia, prediciendo conducta antisocial, abandono del colegio, adicciones y conducta predelictiva, si se presentan  junto con otras circunstancias que ayuden a precipitar la conducta problema.

La identificación y prevención  de este tipo de situaciones es tarea de todos, no lo dejemos simplemente en manos de los planteles educativos.

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