Viajando por… Seúl, luminosa e indescifrable

Viajando por… Seúl, luminosa e indescifrable

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Por: Pascual Rico

Continuamos con la revisión de ciudades asiáticas. Apenas escribía sobre lo que creí era la ciudad más limpia y llega con manteles blancos a presentarse ante mi la capital surcoreana.

Escribo esto aún con jet lag de un vuelo de 15 horas de Seúl a Ciudad de México y es muy probable que no tenga todas mis memorias acomodadas y que este escrito no tenga mucho orden.

Hasta hace un mes pensaba que Tokio era la ciudad más limpia sobre la faz del planeta, pero lo que pasa es que la capital nipona rebasa por mucho los veinte millones de turistas que llegan a Corea del Sur al año, por lo que para muchos es causa de extrañeza cuando les dices que visitarás Seúl y más extraño es cuando notas la pulcritud de todas las áreas de la ciudad, desde el aeropuerto, metro, trenes, baños, calles, autos, y aceras. A diferencia de Japón, donde existe una fuerte cultura de la separación de la basura y el reciclaje… en Corea es lo contrario, ¡ellos no desechan! El café siempre es en taza (¡Bravo!), no te dan bolsas de plástico si no las solicitas, el azúcar está en un recipiente, no hay mil servilletas, ni envolturas innecesarias, los cubiertos y palillos son de acero y se lavan como la loza y claro… es difícil encontrar una papelera. Desde hoy declaro a Seúl la ciudad más pulcra que he conocido.

Con solo llegar al mejor aeropuerto de la Tierra puedes distinguir que el primer mundo te rodea. El Aeropuerto Internacional de Incheon está en una isla que alberga una infraestructura por demás sobrada con todos los servicios, con centro comercial de tiendas de lujo libres de impuestos, por esta razón Seúl es de los lugares favoritos de Asia para las compras; el ochenta por ciento del turismo que visita Seúl es por las compras, digamos que el lugar para la fayuca de Asia. Al no ser un destino tan caro como su vecino Japón, visitar Corea del Sur en plan de shopping es más apetecible que la tierra del Sol Naciente. Así que prepara calculadora para convertir esos pesos en wones.

Si pudiéramos teletrasportarnos desde Plaza Fórum hasta el distrito de Jongno-gu y no hubiera letreros ni personas en Seúl, pensarías que estás en una ciudad gringa del año 2080, pero no te dejes engañar… la urbe armoniza la mano del Tío Sam y las tradiciones de un pueblo que hace poco más de 40 años era más pobre que Ghana en África y hoy es una potencia económica que lo puedes ver por doquier… ¿Cuál fue la fórmula para dicho milagro económico? Sencillo, educación.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, que dejó a Corea del Sur con el segundo PIB más bajo del planeta, el despegue convirtió las cenizas producidas por los bombardeos de la Guerra de Corea (1950-1953) en la cuarta economía metropolitana del mundo, sólo por debajo de Tokio, Nueva York y Los Ángeles.

Cosa un tanto extraña pues no todo es hojuelas sobre miel, uno de los aspectos no tan agradables es su gente que, si bien no son los más amables, si pueden ser un poco rudos, fríos y parcos, es imposible no hacer la comparación con los japoneses que son todo lo contrario y cómo no van a serlo… si Corea del Sur tiene altos índices de mayor insatisfacción sexual del planeta.

El comercio informal es uno de los aspectos que para el gobierno de la ciudad le queda como asignatura pendiente, pues aunque sean potencia económica la gente en las calles comercia al día a día entre puestos de comida, baratijas y chucherías.

Hablando de comida y para no dejar el tema de lado, la comida coreana queda en una posición muy debajo en mi lista de comidas distinguidas, de sabor fuerte, directa y de pocos contrastes, su sabor y variedad no son de distinguir. Si usted no es intrépido en lo que lleva a su boca, tome precauciones.

Según las cifras, la natalidad ni el sexo siquiera son lo suyo, dicen que Corea del Sur es uno de los “países donde menos bebés nacen” y de “mayor insatisfacción sexual en todo el mundo”.

Es como si Seúl fuese un cuidado y bello cuadro que contrasta imágenes del pasado y el presente. Rodeado por el imponente Palacio Gyeongbukgung, que perteneció a la dinastía Joseon (1392-1910), la última y más larga en su historia, el Bukchon Hanok Village podría ser el más claro ejemplo de esa superposición de escenas. Entre esos años, el mismo conjunto de viviendas tradicionales coreanas, los hanok, eran entregados a la nobleza, y hoy, aun cuando varios siguen habitados, otros se han transformado en cafés, tiendas de diseño y hasta pequeños museos. Curiosamente en este lugar abarrotado de turistas encontrarás una circunstancia donde los habitantes de la villa están hartos de los escandalosos visitantes que buscan, intento tras intento, conseguir la selfie perfecta para sus muy aburridos Instagram’s.

Son dos, de unos 16 años, sus tenis Adidas evitan que sus largos vestidos toquen el asfalto en cada paso. El semáforo al fin da luz verde, y las dos muchachitas avanzan entre el resto de la fauna, aparentemente indiferente. Un turista con cámara en mano las sigue con tal afán de conseguir una foto típica que pueda exhibir en estas páginas sin esperar defraudar a mis muy exigentes y conocedores lectores, a los cuales siempre llevo en mi mente. Se dirigen al gran Palacio Gyeongbukgung donde seguro muchas fotos más les aguardan.

Así es como todas estas escenas regresan a mi mente como hormigueros de información difícil de descifrar, pues no mucha gente nos habla de Corea de Sur de no ser por sus famosas marcas. Samsung, por ejemplo, representa el 80% de PIB, pero lo que sin duda siempre salta a nuestra mente es ese hermano flojo e incómodo, pues irremediablemente siempre Corea de Norte y su líder Kim Jo-ung habla de las dos Coreas.

Pascual Rico

Fotógrafo

Tel. 667 712 2060

www.pascualrico.com

facebook: PascualPhoto

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Escríbeme: parapascual@mac.com