Una Navidad de 365 días

Una Navidad de 365 días

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La Navidad ha quedado atrás, tan sólo ronda por ahí el duende de la nostalgia. Te han quedado los recuerdos placenteros de los regalos recibidos, y de que los has obsequiado; aún saboreas las exquisitas viandas y los dulces vinos. Quizás hayas brindado buenos deseos y hayas sido mimado con abrazos y caricias —aunque, desgraciadamente, no todos nuestros hermanos han sido obsequiados, abrazados o acariciados.

Este es el blanco sobre el que quiero apuntar mis letras, con todo y que suenen trilladas. Marcar mi escrito para invitarte a que actúes, día con día, de cada año, como si fuese una Navidad inmutable, una que luzca igual que una tarjeta postal o un cuento navideño. Como la carta a Santa Claus que hacen los niños, en su más pura inocencia, cuando piden para sí, para todos los demás y por un mundo mejor.

¿Por qué esperar todo un año para sacar lo mejor de uno mismo?, ¿por qué los otros 364 días nos convertimos en la antítesis de la Navidad?  Comparto contigo estos pensamientos —y me los repito a mí mismo—, con todo y que te puedan parecer sueños irrealizables…

Navidad, época de regalar y renunciar

Aprecia y agradece tus regalos, ya que los regalos te han sido proveídos, como la salud, el dinero, el amor, los amigos, las cosas y comodidades. Estos son hermosos obsequios con los que Él te ha bendecido.

En cambio, renuncia a tus tesoros, pues no son reales ya que Él no te los ha dado. Ha sido tu ego el que los ha ido amontonando en forma de nocivas emociones y que, sin embargo, se resiste a soltarlas; como soltar el miedo, el odio, el rencor o la ira, a pesar del daño que causan en tu persona y en los demás también.

Aunque te cueste trabajo creerlo… Resulta que es más fácil que te desprendas de los regalos, especialmente en la Navidad —como compartir el dinero, el alimento o el cobijo—, a que te deshagas de los “tesoros”.

Detente un momento y haz consciencia de que tu verdadera grandeza empezará cuando te desenganches de esos lastres que tu ego ha atesorado, durante décadas, como si fueran joyas preciosas.

Te deseo una eterna Nochebuena, la que empezará en el momento en que nos hermanemos todos en una esperanza universal, en una forma de ver y vivir la vida como si fuera una Navidad de 365 días, por siempre.

Te deseo que frente al miedo antepongas la fe, frente al odio el amor, que el rencor desaparezca con el perdón y la ira con la tolerancia.

Y que tus buenas intenciones —si haces tuya e irradias la idea de una Navidad sempiterna— se vuelvan pensamientos, emociones y cambios, en un feliz y maravilloso disfrutar, de cada paso por la senda de tu camino, del mío, y de cada prójimo huésped de este mundo atribulado.

Por: Manuel Sañudo Gastélum


Coach y Consultor

manuel@entusiastika.com

DR © Rubén Manuel Sañudo Gastélum

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