Tus hijos, tu responsabilidad…

Tus hijos, tu responsabilidad…

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En el artículo anterior tocamos el tema de las diferentes familias que podemos encontrar en la sociedad con la finalidad de identificarnos en una de ellas y saber qué clase de padres somos y los hijos que estamos formando para un mundo futuro.

La vida tan de prisa que llevamos no nos permite en ocasiones ver que se va el tiempo y que descuidamos lo más valioso, que son las relaciones humanas y afectivas, dándole prioridad al trabajo y poniendo empeño en alcanzar logros profesionales; que es correcto pero en el intento perdemos objetividad y es ahí donde surgen los problemas y conflictos porque alteramos el orden de las prioridades y dejamos de funcionar como seres individuales dentro de la familia.

Es correcto tener sueños y metas, así como poner toda nuestra capacidad para lograrlos pero si en el camino perdemos a la familia es momento de detenernos, no soltar las metas pero si cambiar un poco las estrategias para equilibrar ambas cosas que son importantes para cualquier persona.

Cuando nos identificamos en una de las familias que mencionaba en el artículo anterior probablemente sabemos qué hijos estamos formando y sabremos si vamos bien o no.

Si somos padres autoritarios seguramente estamos formando hijos temerosos e inseguros de sí mismos, incapaces de tomar decisiones por ellos mismos y tampoco libres de poder expresar lo que piensan y sienten en la familia ni en su escuela, por lo que se convierten en personas retraídas, inseguras y muchas veces abusadas por su falta de identidad y confianza. Si tendemos a ser esta clase de padres detengámonos y analicemos nuestra relación con nuestros hijos porque nunca es tarde para hacer cambios.

Si somos padres sobreprotectores estamos anulando toda posibilidad de tener hijos libres e independientes, no sabrán decidir, qué hacer, cómo vivir y jamás podrán estar en situaciones difíciles porque simplemente no pueden  reaccionar, decidir ni hacer nada. Estas personas normalmente pasan desapercibidas cuando son adultas, no tienen brillo ni iniciativa porque todo les da temor y viven decidiendo a través de las decisiones de los demás.

Si como padres nos volvemos los mejores amigos de nuestros hijos ellos nunca entenderán orden, autoridad ni podrán tener relaciones sanas con su pareja y sus hijos porque en su hogar nunca vivieron una relación sana con límites e identidad en los roles de la familia.

Los hijos que crecen dentro de una familia empática normalmente son hijos sanos, libres, decididos, seguros y confiados de quienes son porque crecieron en un ambiente de armonía donde los padres llevaban a cabo de manera normal y sencilla su rol dándoles su lugar y estableciendo límites así como lazos de amor y confianza.

Todos como padres estamos interesados en el sano crecimiento de nuestros hijos durante todas las etapas de sus vidas porque deseamos que sean personas autónomas y felices. También sabemos que el amor es la base donde debemos de edificar y con esta base establecer límites y lazos sanos de convivencia por eso cuando estamos perdiendo estos elementos tan sencillos debemos detenernos, analizar dónde las cosas se salieron de control y regresar para continuar.

Educar a nuestros hijos no es fácil porque cada niño es diferente y aunque el amor es el mismo las formas de dirigirlos son diferentes y es ahí donde debemos de poner nuestro mejor esfuerzo para educar individualmente dentro del núcleo familiar sin que se pierda el bien común y la sana convivencia.

En general el amor, establecer reglas, sana comunicación, mente y pensamientos positivos, respeto por la individualidad de cada miembro de la familia, libertad y respeto son las bases principales para hacer de nuestros hijos personas responsables y enfocadas para una sana y bien fundamentada futura sociedad.

Por: Lic. Olga Beatriz

Pérez Berrelleza

Facebook: Olga Beatriz Pérez Berrelleza

Twitter: @olguitabpb