Siempre vivirás en mi corazón

Siempre vivirás en mi corazón

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Llega mayo y no puedo evitar sentir mucha nostalgia por la celebración del Día de las Madres. ¿No se supone que los hijos son los que entierran a los padres? ¿Qué hacer cuando esto no sucede y somos los padres los que vivimos una de las pérdidas más grandes que pueda uno tener, la pérdida de un hijo?

Pero así es, y es mucho más común de lo que pareciera. Su servidora vivió esa terrible experiencia y trabaja con padres en duelo por muerte de un hijo, me llegan muchas historias, todas diferentes, edades, circunstancias pero finalmente, el mismo dolor.

¿Cómo se puede vivir después de eso? Si la vida nos deja el corazón hecho pedazos. ¿Cómo volver a unirlo? Es mucho más complejo de lo que se puedan imaginar.

Han pasado casi diez años desde la partida de Ale, la gente que me conoce me diría, ya supéralo, déjala descansar, la vida sigue, tienes más hijos, etc. Eso lo dicen las personas que no han perdido un hijo y me gustaría compartir lo que los padres en duelo necesitamos para sentirnos acompañados.

Es indispensable saber cómo llevar a cabo un duelo sano y las redes de apoyo tienen un gran impacto. Nuestra familia y amigos cercanos son de vital importancia, sin embargo, gracias a nuestra cultura, no sabemos cómo vivir el duelo ni tampoco cómo ayudar. Esto genera una pérdida social, es decir, nos sentimos incomprendidos porque no se nos permite llorar, estar tristes, enojarnos porque creen que estamos muy mal. Si supieran que si lloro, me enojo y contacto con mi tristeza, estoy sanando porque estoy liberando y si me permites expresar lo que siento sin interrumpirme, sin darme consejos me ayudas aún más. Creemos que si no decimos nada no somos útiles, al contrario, necesitamos la presencia de las personas, a veces el silencio pronuncia palabras que abrazan más.

El duelo no es una enfermedad, es un proceso, éste se elabora pero nunca termina. Explico la diferencia, se dice que se elabora porque ese dolor tan intenso se transforma. No hay respuestas a un por qué, pero encontramos el ¿para qué? Resignificamos la pérdida y la transformamos en un legado, pero su ausencia siempre va a estar latente sobre todo en fechas especiales.

Así pasen dos, tres, cinco, quince o veinte años, para nosotros es muy importante pronunciar su nombre, hablar de ellos. No te sientas incómodo porque a través del recuerdo es como lo mantengo vivo y presente en mi corazón, por eso nunca termina, también me gustaría que tú hables de él. Cuando los olvidamos y dejamos de hablar de ellos es cuando en realidad mueren.

Evita las frases de ya descansó, ¿quién dijo que estaba cansado? Ya está en un mejor lugar, yo quisiera tenerlo conmigo. Hay un angelito más en el cielo, y ¿porqué no escogieron a tu hijo? Tienes más hijos, así tengas diez hijos, ninguno va a sustituirlo. Así podría nombrar muchas frases inadecuadas, que no quiero dejar de señalar, son dichas con la mejor intención y desde el amor.

A raíz de la muerte de nuestros hijos, cambiamos, y nunca vamos a volver a ser los mismos, pero con el tiempo, si queremos, podremos ser mejores porque las pérdidas nos permiten valorar lo que realmente es importante.

Si no perdiste un hijo no podrás comprendernos, nos da mucho gusto, porque el día que lo puedas hacer, es porque perdiste uno.

Un abrazo a esas madres valientes, guerreras que han sabido continuar encontrando un nuevo sentido de vida, honrando la presencia de ese hijo, que aún en un corto tiempo, vino con una misión y una gran capacidad de amar a dejar una enorme huella en el corazón.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga

yvonnerosadecristal@gmail.com

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