Racismo y Clasismo

Racismo y Clasismo

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Por: Paty Maytorena

Han surgido al vapor dos características con las que sin, profundizar mucho en ellas, crecí en mi sociedad sinaloense. Estuvieron ahí todo el tiempo, sin embargo, hoy en día flotan en el aire a lo largo y ancho del país con fuerza para mi gran desencanto. Las percibí en mi infancia y nunca me agradaron, en el colegio, en el club, en las fiestas; conforme fui creciendo descubrí que en todo el mundo se cuecen habas y el color de piel era un obstáculo primordial incluso para ser aceptado, respetado y hasta maltratado. ¿Eras de piel clara? ¡Estupendo! De piel oscura, pobre de ti. ¿Tenías dinero, posición y hasta apellido? ¿O naciste pobre?

Lloré con la antigua película de “Mis angelitos negros”, tan vieja que era en blanco y negro, si la veía de nuevo volvía a llorar, y me preguntaba por qué algo tan humano podía llevar a tal rechazo. También lloré con “Pepe el Toro” y “Nosotros los pobres”, con la excelsa actuación de Pedro Infante; el ser pobre era casi pecado e indiscutiblemente tragedia en el cine nacional. Claro que todo esto era la vida real y en todos los puntos del planeta siempre ha habido distintas formas de vida, algunas muy rechazadas; la paradoja es que los patrones no cambian aun cuando viajemos en el tiempo siglos atrás, el racismo y el clasismo penetran cada sociedad, cada época y a todas las naciones. Yo fui una niña muy ilusa y sigo siendo una idealista que busca las formas simples y sencillas para vivir cada día, como Juan Gabriel, ‘¿para qué tanto problema?’, sobre todo donde no lo hay.

Las cosas se resuelven si se puede y si no se puede la tarea es adaptarse, entre más pronto mejor, sin mediocridad ni desesperanza, con empuje, ilusión y deseos de seguir adelante mientras se aprende, se estudia y se cultiva. Aunque no todos nacemos con las mismas características ni vivimos con los mismos privilegios está en los más afortunados aportar a los menos protegidos. Hay una y mil formas de aportar a los demás y cada vez surgen más organizaciones y movimientos que enriquecen a todos, por eso cuando veo de nuevo esa discriminación al otro porque aparentemente es menos, cosa que no es real, porque todos valemos lo mismo, me impacta que el ser humano todavía quiera sobajar al prójimo que no siente o no ve a su nivel. 

¿Acaso estamos en la época feudal, o en la conquista o la esclavitud? ¿Seguimos en lo mismo después de más de dos milenios? Más de alguna vez mi imaginación ha tenido la utopía de que estamos tal vez no en el infierno, pero mínimo en una especie de purgatorio, o en una escuela para amarnos unos a otros y resulta que reprobamos la materia de relaciones humanas y muy seguido, cuando el ser humano es la máxima creación de nuestro Ser Supremo. Acabamos de pasar unas históricas elecciones con 30 millones de votos siendo Andrés Manuel López Obrador el candidato ganador a la presidencia más votado en la historia del país y convirtiendo a los comicios en históricos por la participación ciudadana que supero el 63%.

Por un lado, se disparó toda una euforia de alegría y de festejo y por el otro una ola de discriminación como yo no había visto en otras elecciones, si ya en las campañas se veían los desplantes y las faltas de respeto de todos hacia todos, el gane del candidato morenista sacó de algunos sus peores sombras. No sólo en su contra sino en la de su familia, sus allegados y votantes; su color de piel, su imagen, su léxico, crueles comentarios en contra de su hijo menor por su físico, se generalizaron características contra él y sus seguidores como si realmente conocieran a cada uno de ellos, calificándoles de incultos, flojos, en resumen, discursos y comentarios de odio, basados sobre todo en calumnias y continuando en una constante difamación con o sin conocimiento de causa.

Todo esto nos hace ver en mi opinión la necesidad de crecer y dejar de lado el racismo y el clasismo junto a otras muestras de falta de educación y respeto en nuestro país. La idea de que Obrador es ignorante porque no habla inglés cuando México tiene el 44 lugar de 80 países según el English Proficiency Index de EF, lo que supone un dominio bajo del idioma a escala nacional por debajo de países de la región como Argentina, República Dominicana, Brasil o Costa Rica, es calificar a casi todo el país de ignorante. Indica un conocido analista político que a este tipo de descalificaciones se les conoce como falacia ad hominem que consiste en atacar a una persona que sostiene un argumento, en vez de refutar a la afirmación misma. Es lamentable la pobre cultura política en el país, si este discurso de odio permanece se corre el riesgo de dejar de lado temas trascendentales en la agenda pública. Es una oportunidad para cambiar de actitud como pueblo, no la desaprovechemos, hay mucho que aprender todavía si queremos un México mejor.

Namaste.

Por: Paty Maytorena

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