Primero la consciencia y luego el cambio

Primero la consciencia y luego el cambio

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Hay personas que caen, una y otra vez, en los mismos errores y que, si acaso preguntan, o se quejan, de por qué les pasa lo que les pasa, pero no es fácil saberlo. Lo que debería ser fácil sería entender lo que dijo Einstein: “No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”. “Es cosa de tontos esperar algo diferente haciendo lo mismo”, añadió el genial Albert.

Pero somos seres de costumbres y rutinas, de arraigados paradigmas, y a todos nos cuesta trabajo cambiar, así que caemos en el error de hacer lo mismo, quizás con más ímpetu, pero para obtener lo mismo; pero además nos frustramos, nos enfermamos y no sabemos el porqué. Le echamos la culpa a todo y a todos, en vez de preguntar a nuestro interior ¿qué me pasa?, ¿qué debo cambiar? Como no hay respuestas claras, deambulamos semidormidos arruinándonos la vida con evasiones y adicciones, nomás para irla pasando.

“Hasta que no hagas consciente a tu inconsciente, éste va a dirigir tu vida y lo llamarás destino.”

Carl Gustav Jung

Lo que nos sucede es una cadena de resultados de las decisiones, grandes y pequeñas, que vamos tomando en la vida; a veces es tan aparentemente sencillo como decir sí o no, como dar vuelta a la izquierda en vez de a la derecha, como entrar o no en una relación de pareja, como contratarse en un trabajo, empezar un emprendimiento o no hacerlo. Estos virajes binarios, de sí o no, marcan nuestras vidas. Si nos va bien, qué bueno, pero sí no —haciendo a un lado el “hubiera”— tendremos que volver a tomar decisiones, de salir y volver a entrar, de tomar una u otra rama de la bifurcación en turno que, de no haber aprendido la lección, lo más seguro es que encontremos “más de lo mismo”. Otra pareja, con diferente rostro, pero mismas mañas, o diferente socio, trabajo, empleador, pero con los mismos problemas… “Diferente diablo, pero el mismo infierno”.

Entonces, ¿por qué nos sigue yendo mal? Simple, porque seguimos con lo mismo; pero… ¿cómo cambiar?, ¿a poco es tan fácil como hacer algo diferente? En esencia sí, pero para ello es preciso hacer un alto en el camino, y hasta ponernos en cuarentena, enfrentar al espejo a decirse a uno mismo sus verdades, no las excusas, no lo que digan o piensen los demás, sino la verdad descarnada, aunque duela. De modo que surja un acto de hacer consciente lo que traemos en el inconsciente —que es el lugar donde residen nuestros arraigados paradigmas, que son como programas de computadora que nos llevan a actuar sin pensar, pues ya “están pensados”.

Hacer consciencia es el primer paso para progresar en el cambio, en la resolución del problema, en una mejora disruptiva, poniéndonos en el portal del hacer más de lo diferente, y ya no más de lo mismo. Pero aun así no basta, ahora hay que actuar profundamente en el surco de la transformación.

Para cambiar podemos hacer un resumen de lo aprendido; preguntar ¿para qué me pasó esto?, no el “¿por qué?”, ese ya lo sabemos, y es porque hicimos lo mismo. El “¿para qué?” dará una respuesta de “para que aprendiese algo”. Algo diferente que me llevará a decisiones y consecuencias distintas.

No conozco una receta universal para el cambio, pero tengo claro que lo primero es hacer consciencia de lo inconsciente, cambiar paradigmas —a sabiendas de que es una tarea ardua, pues es como tirar por la borda los códigos familiares, sociales, religiosos y cuanto haya que desechar—, pues de otra forma quedaremos en la mera consciencia y sin cambio real. Lo que entraña el gran riesgo de regresarnos para donde estábamos, con las viejas rutinas y pensamientos para sufrir con lo mismo, y echarle la culpa al destino.

Por: Manuel Sañudo Gastélum


Coach y Consultor

manuel@entusiastika.com

DR © Rubén Manuel Sañudo Gastélum

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