¿Por qué no se suicida usted?

¿Por qué no se suicida usted?

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Con esta pregunta, Viktor Frankl comenzaba muchas de sus terapias. ¿Qué es lo que hace que se tome la decisión de quitarse la vida? En estos días dos suicidios de personas aparentemente triunfadoras, que se supone tienen todo en la vida y son o eran referentes en cuanto a éxito se trata, deciden terminar con su vida. Y es entonces que todas nuestras creencias y paradigmas acerca de lo que es el éxito terminan por caerse.

Muchas veces hemos escuchado que “el dinero no es la felicidad” y sin embargo lo perseguimos porque pensamos que el tenerlo o por lo menos aparentar tenerlo nos creará cierto prestigio y nos ayudará a pertenecer al exclusivo grupo de “triunfadores”, —con esto no quiero dar a entender que lo material no es importante, claro que lo es, el problema estriba cuando nos perdemos en el afán de alcanzar un status a pesar de nosotros mismos y terminamos perdiendo nuestra esencia. Pues resulta que, en ese ímpetu de escalar, en ese afán de ser reconocido, en ese deseo de ser aceptado, perdemos algo sumamente importante y primordial, nuestra libertad.

Cuando hablo de libertad, me refiero a ser yo mismo, sin el temor de ser juzgado, sin el miedo a parecer débil y necesitado, libertad para pedir ayuda y comprensión cuando se requiere, libertad para decir no puedo o no quiero. De repente, nos vemos sumergidos en el mundo de las máscaras, donde el aparentar juega el papel más importante.

Se dice que el ser humano es alguien completa e inevitablemente influido por su entorno, sin embargo, Viktor Frankl nos dice que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: “la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.

Vivimos en una sociedad donde la apariencia sustituye la esencia de las personas, y es precisamente en esa lucha por las apariencias donde se va perdiendo el real sentido de la vida, porque empezamos a vivir hacia afuera, hacia los demás y se nos olvida el para qué estamos realmente en este mundo. Le damos tanta prioridad al placer, al gozo, que cualquier sufrimiento nos cimbra porque nuestras fortalezas se encuentran abandonadas, porque nos abandonamos de tal manera que no nos conocemos y terminamos asustados ante la cascada de sensaciones que nuestro cuerpo manifiesta.

Y entonces el miedo nos hace no querer sentir, no querer escucharnos, no prestar atención ante el grito desesperado de nuestras emociones. Emociones que se encuentran reprimidas y ocultas en el sótano de nuestra psique. Recuerdo entonces la analogía del iceberg donde éste sólo deja ver una pequeña parte de la inmensidad de hielo, todo lo demás se encuentra oculto dentro de las aguas del mar profundo. Y así somos nosotros, sólo dejamos a la vista lo que queremos que los demás sepan, lo que pensamos que puede agradar, lo que nos ha servido para sobrevivir en esta sociedad a la que anhelamos pertenecer. Pero, ¿saben una cosa?, el cuerpo, nuestra mente, tarde o temprano nos pasa la factura, y muchas veces perdemos la esperanza y la fe en el futuro y empezamos a vivir como autómatas, porque no nos atrevemos a vivir nuestro sufrimiento.

Nietzsche decía: “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”, sin embargo, cuando la alguien nos dice “ya no espero nada de la vida”, ¿qué respuesta podemos dar a estas palabras? Y eso precisamente pasa con aquellas personas que deciden acabar con su vida, ya no hay esperanza para ellas, porque esperan que la vida les dé algo, cuando en realidad, es la vida la que espera algo de nosotros.

Entonces, queridos amigos y amigas, yo los invito a que aprendamos a amarnos y respetarnos, a atrevernos a ser más libres, a reconocernos con nuestras luces y sombras, a aprender a encontrar significados a las experiencias y circunstancias que la vida nos va poniendo en el camino, porque ninguna situación se repite y cada una exige una respuesta distinta y un aprendizaje, además nos da la oportunidad de darnos cuenta que somos lo suficientemente fuertes para afrontar cualquier circunstancia aun cuando creamos que no existe solución a nuestros problemas, porque, como decía Bismark, “La vida es como visitar al dentista. Se piensa siempre que lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado”.

Por: Graciela Cueto Serrano

Experta en Comunicación

y Desarrollo Humano

Graciela Cueto en Pláticas de Café

@gracielacuetos