Plan A y plan B

Plan A y plan B

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Se ha vuelto costumbre, en la práctica empresarial y en la vida ordinaria incluso, hacer un primer plan, para un objetivo cualquiera, e inmediatamente pensar en un segundo plan, por si llegase a fallar el primero. Estamos frente a los conocidos planes “A” y “B”.

“Los planes son solamente buenas intenciones, a menos que resulten inmediatamente en trabajo duro.”

Peter F. Drucker

¿Pero para qué un plan B, si no hemos probado el A? ¿Es que no confiamos en este plan? Supongo que ha de ser por el miedo, que siempre nos acompaña en cualquier emprendimiento; miedo que se traduce en desconfianza y en la pretensión de garantizar el éxito con un segundo plan, pero de contingencia, que ha nacido del pesimismo, de la duda, del temor, y del deseo de controlarlo todo. Sin embargo, bajo este razonamiento, tendríamos que pensar en planes B, C, D, y así sucesivamente en una repetida cadena de planes sin acciones aterrizadas. Corremos el riesgo de quedarnos en el terreno de las buenas intenciones, con planes estériles…“Hechos son amores y no buenas razones”, reza el refrán.

No pretendo menguar las bondades de la planeación, y más que ha sido materia de estudio personal y motivo de muchas cátedras impartidas; pero consideremos, que si pensamos en el plan B, muy probablemente nos distraeremos de la puesta en marcha del plan A. Primero hay que probar en su totalidad el A. Incluso es sano hacer pruebas, en escala reducida, y las adecuaciones vendrán como consecuencia, que se vaciarán en un plan A1, es decir, una nueva versión del A original.

Parece un juego de palabras, pero lo que quiero enfatizar es que no debemos distraernos pensando en el B —y en el fondo adelantándose a una posible derrota—, pues se puede perder el fruto óptimo de lo que hubiera sido el plan A, aplicado con rigor, sobre todo por el “timing” de la oportunidad que va pasando por enfrente.

Todavía más, si desistimos del plan A, ante el primer tropiezo, el plan B puede convertirse en una prematura huida del plan original, y con ello la pérdida de rumbo y de la oportunidad visualizada. El plan B puede ser como un “control de daños”, pero también como una tempranera rendición del propósito inicial; a menos que el B sea una variante o un segundo paso del mismo A, lo que de vuelta nos remite al enunciado, de párrafos arriba, en donde cité al plan A1.

Enfoquémonos, primero que todo, en el plan A, probemos en pequeña escala, apliquémoslo con ímpetu para que se logre la intensidad deseada, y que broten las imperfecciones. Aprendamos de los errores y desviaciones, y vuelta a empezar en el plan, afinando lo que haya que afinar. Seamos flexibles y evitemos ser esclavos de nuestros propios planes, por más bien hechos que estén.

Se ha dicho que “la oportunidad va primero que el objetivo”. Es decir, que nuestro plan A, por más bueno que luzca para alcanzar un propósito, si aparece una mejor oportunidad (objetivo) olvidémonos del A y luego tendremos que hacer un B, pero para diferente oportunidad-objetivo. Lo que, siguiendo con el “juego de palabras”, ese B en realidad es un A, pero para un objetivo diferente.

Desde luego que es recomendable planear, si bien más de alguno no lo haya pensado así. Tal fue el caso de John Lennon quien escribió, en una estrofa de su famosa canción “Beautiful Boy”, creada en el año de 1980, que “La vida es lo que te pasa, mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Es evidente, que él no imaginaba, que en ese mismo año, en un día ocho de diciembre, sería asesinado en la entrada del edificio donde residía. ¡Qué ironía! Lennon acababa de regresar del estudio de grabación, acompañado de su esposa Yoko Ono.

Por: Manuel Sañudo Gastélum

Coach y Consultor

manuel@entusiastika.com

DR © Rubén Manuel Sañudo Gastélum

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