Navidad en empatía

Navidad en empatía

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Navidad, esta época de derroche, de todo. En la cual creo el derroche primordial necesita ser el amor. Más que de regalos materiales, cenas y fiesta, de amor, de ese amor basado en la empatía; virtud actualmente muy diluida. Nuestra naturaleza como seres vivos es estar en contacto con los demás, interrelacionarnos, ya sea con el mundo animal, natural, con las demás personas, etc. Es la raíz bioquímica de la naturaleza, la empatía emocional, es aquella que nos conecta con los sentimientos del otro, por ejemplo, para un bebe es fácil detectar los sentimientos de su madre, al ser amamantado por ella se forma un vínculo de profunda emoción. Si un animal pierde a su cría no sentirá consuelo hasta encontrarlo, incluso puede sentir si está cerca o en peligro.

En el crecimiento, los seres humanos vamos desarrollando la empatía cognitiva, que es la capacidad de comprender lo que piensan los demás, la mente con gran presencia en nosotros manifiesta como interactuamos con el entorno. En la comunicación basada no sólo en el diálogo sino en las diversas formas que expresamos entre transmisor y receptor, así sean gestos solamente, estamos percibiendo las emociones del otro, las vamos identificando y con base en esto daremos una señal o respuesta. Esto, claro, de acuerdo a como cada quien maneja sus propios sentimientos y sus creencias mentales.

Aquel que tiene autodominio tendrá claridad para percibir, empatizar y responder de la manera más adecuada. Un maestro en un aula llena de niños inquietos si no tiene un autocontrol no podrá dominar la situación. En el autoconocimiento es más fácil encontrar la calma y decidir claramente el paso a seguir con algo tan importante como es la compasión, la comprensión, el estar asertivamente atento para conocer lo que en ese momento está pasando en el entorno; sea un maestro, un padre de familia, un coach, un empresario, quien tenga una situación adversa necesita empatizar cuidadosamente para transformar la situación y llevarla a la cordura. Primero teniendo cordura en su interior.

Las personas con la cualidad de empatizar son mejor aceptadas por todos, comprenden fácilmente a los demás, son más persuasivas y tienen el don de la escucha asertiva, sin juicios y con una gran compasión. Por otro lado, hay personas que no tienen ni tantita empatía por el otro, son ajenas a lo que sienten los demás, juzgan, incluso se sienten mejores o casi perfectos. Otros sufren demasiada empatía, son sumamente influenciables y se enganchan con todo lo que sienten los demás, cargando con problemas que no les corresponden.

Ante todo esto la comunicación asertiva es indispensable, para poder ser amable, escuchar al otro con tranquilidad, aprender a consolar, identificar las emociones y enfocarse en cómo ayudar al que nos necesita sin alterar los sentimientos personales. Necesitamos la empatía para poder interactuar con todos los seres que nos rodean, desde una minúscula plantita hasta un anciano con todos los años encima.

De esta forma podremos tener una vida más enriquecida, una Navidad más plena, una convivencia estupenda e inolvidable con la familia y los amigos. ¿Es fácil? No, hablar de los sentimientos con otros, reconocer las fallas, escuchar al que platica tanto, tener paciencia con los que nos exasperan, es todo un entrenamiento. La Navidad nos ofrece esta época para realmente unir nuestro corazón con el otro, el hijo ausente, el familiar con el que hablo poco, el adulto mayor que casi no escucha por la edad, el amigo carrilludo, la mascota que necesita el contacto y la caricia, al final algo nos une absolutamente a todos: deseamos, buscamos y necesitamos amor.

Navidad y todo el año nos invitan a empatizar, a querer desde el corazón, con toda la sinceridad posible, aceptando que todo aquel que me rodea es un espejo para mí y me permite aprender a crecer un poco más en la convivencia con ellos. Reflexionemos sobre cómo llevar nuestra vida familiar de la mejor forma: empatizando con cada uno de ellos, detrás de sus espaldas hay toda una historia que muchas veces no conocemos y tal vez si la supiéramos podríamos descubrir incluso una gran admiración y respeto y recibir además un aprendizaje que nos inspire. Uno nunca imagina las sorpresas que da la vida en estas memorables fechas.

Namaste.