Morir para vivir

Morir para vivir

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¿Cuántas veces tenemos que morir para seguir viviendo? Le tenemos tanto miedo a la muerte que no nos damos cuenta que cada día morimos a algo, a alguien. Morimos a nuestras creencias, a nuestras ideas, a nuestras costumbres, a nuestros prejuicios, a nuestros juicios, incluso a nuestra vida entera cuando ya sentimos que aquello que nos está tocando vivir, nos tiene en total estado de coma y es necesario desconectarnos para ver si podemos mantenernos vivos por nuestros propios medios o simplemente esperar a que la vida se vaya poco a poco.

Diciembre es un mes de mucha reflexión, en el cual nos cuestionamos decisiones y nos ponemos retos que hemos ido posponiendo a lo largo de nuestra vida. Es en el cual renacemos a emociones, a relaciones, a oportunidades y también es el mes que de alguna manera nos invita a decidir alejarnos de situaciones que ya no aportan lo que necesitamos para crecer como personas.

Y es entonces que de alguna manera sufrimos diferentes tipos de muertes, algunas por iniciativa propia, otras propiciadas por terceros pero al final, son muertes necesarias para poder decir sí a la vida, al renacimiento que se aproxima y que no logra llegar porque aún seguimos aferrados a no soltar lo que ya tiene que morir para que nuevos vientos de vida lleguen y nos embarguen de ilusiones y esperanzas.

El filosofo alemán Hermann Keyserlinc decía que “la vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer”, es así que debemos estar dispuestos a aceptar que la muerte no es tan temible, que la muerte es un paso necesario para que llegue la vida, para descubrir nuevas ilusiones, revivir grandes amores, crear nuevos caminos, perdonar y perdonarme y darnos cuenta que quizás a lo que tememos no es a empezar a vivir con lo nuevo sino a atrevernos a morir y poner punto final a lo de siempre.

En esta vida hay que aprender a morir las veces que sean necesarias, para poder así apreciar en toda su magnificencia la oportunidad que la vida nos regala al volver a empezar. Sólo el miedo paraliza nuestra vida para el cambio, sólo el miedo no nos permite dejar morir todo aquello que nos tiene aferrados a vidas rotas, vacías y preferimos vivir en agonía sobreviviendo con paliativos que sólo alargan el sufrimiento o la indiferencia.

Morir para vivir, resetear nuestra mente, dejarla en blanco para empezar a recibir toda aquella información que nos alimente el alma. Sepultar con dignidad y gratitud el pasado y asumir el presente con el aprendizaje adquirido que es fruto de la vida.

Por: Graciela Cueto Serrano


Experta en Comunicación y Desarrollo Humano

Graciela Cueto en Pláticas de Café

@gracielacuetos