Meghan Markle y la dramática evolución de la monarquía británica

Meghan Markle y la dramática evolución de la monarquía británica

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Con 36 años, estadounidense, multirracial y divorciada, la ex actriz Meghan Markle, pareja del príncipe Enrique de Gales, de 33 años, representa el camino evolutivo de la monarquía británica.

81 años han pasado desde que un estadounidense contrajo matrimonio con un miembro de la realeza del Reino Unido, con un resultado definitivamente diferente. El rey Eduardo VIII abdicó al trono en 1936 para casarse un año después con Wallis Warfield Simpson, dos veces divorciada, provocando los acontecimientos que condujeron a la ascensión imprevista de la reina Isabel II.

El futuro y la historia de la reina cambiaron cuando el gobierno británico se opuso rotundamente a que un estadounidense divorciado se convirtiera en reina consorte cuando el rey era jefe de la iglesia de Inglaterra, que en ese momento no permitía que los divorciados se volvieran a casar mientras viviera el ex cónyuge.

Pero los tiempos cambian y la actitud de la monarca hacia el divorcio ha evolucionado junto con la de la sociedad. Todos, menos uno de sus cuatro hijos –el príncipe Eduardo– están divorciados. El príncipe Carlos, divorciado de la princesa Diana en el momento de su muerte, pasó años buscando la aceptación pública de Camilla Parker Bowles, también divorciada, antes de contraer matrimonio por la vía civil en 2005, seguido de la bendición en la capilla de St. George, donde reconocieron sus múltiples pecados y maldad.

Fue la insistencia del príncipe Carlos en casarse con una mujer que no pertenecía a la realeza y era divorciada, lo que sin duda facilitó el camino a su hijo Enrique para proponerle matrimonio a Meghan Markle, divorciada desde 2013.

Aun cuando no se le considera un futuro rey, el príncipe Enrique es suficientemente mayor como para tener la aprobación de la soberana –su abuela– para casarse. En el pasado esto hubiera sido imposible sin renunciar a su derecho sobre la corona y dejar el país, precisamente como se le solicitó a la hermana de la reina, la princesa Margarita, en 1955 cuando solicitó permiso para casarse con el capitán Peter Townsend. La princesa optó por su posición y años más tarde se casó con Anthony Armstrong-Jones, de quien se divorciaría en 1978.

Sin embargo, la excesiva reverencia de la reina Isabel II a las tradiciones de la corona se puso en tela de juicio de forma memorable cuando malinterpretó el estado de ánimo de sus súbditos en los días posteriores a la muerte de Diana. Los británicos sintieron que la monarquía estaba fuera de contacto y la creciente marea de opiniones cuestionaba la existencia misma de la familia Real.

El cambio tenía que suceder. Ahora, ante la perspectiva de tener a un estadounidense que cambie la línea de sangre de su familia para siempre, la reina ha recibido a Meghan Markle con los brazos abiertos.

Esta vez, la monarca más longeva del Reino Unido no necesitaba encuestas de opinión para alentarla a abrazar el cambio social dentro de su propia familia. Su aceptación a Markle es un ejemplo sorprendente de la familia moderna en la que la realeza se ha convertido, la reina sabe que la supervivencia de la monarquía depende de ello.

¿Quién es Meghan Markle?

Nacida el 4 de agosto de 1981 en Los Ángeles, California, es hija de padre blanco y madre afroamericana. “Mi herencia mixta puede haber creado una zona gris en torno a mi identidad, manteniéndome con un pie en ambos lados de la cerca, pero la he aceptado, para decir quién soy, para compartir de donde soy, para expresar mi orgullo de ser una mujer fuerte y de raza mixta”, escribió para un artículo de la revista Elle en 2015.

Markle debutó en pantalla en un episodio de Hospital General en 2002, más tarde interpretaría papeles en las series CSI, Without a Trace, Castle, Fringe; en películas como Horrible Bosses, Remember Me, entre otras. Es conocida por su papel como Rachel Zane en la serie de televisión Suits.

En septiembre del 2011 contrajo matrimonio con el productor de cine Trevor Engelson, de quien se divorciaría dos años después.

A pesar de ser muy popular en redes sociales, con más de 1,1 millones de seguidores en Instagram y más de 330,000 en Twitter, decidió cerrar sus cuentas como parte de su nueva vida dentro de la realeza, reforzando su labor como activista junto con Naciones Unidas y sus campañas a favor de la igualdad de género.

En una entrevista comentó acerca de su relación con el príncipe Enrique: “Somos dos personas que estamos muy felices y enamorados”.