“Me preguntáis como me volví loco.  Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras –sí, las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas–…” Gibrán Khalil Gibrán.

¿Qué pasaría si un día despertaras y te dieras cuenta que ya no puedes usar tus máscaras? ¡Sí!, esas diferentes máscaras que todos los días utilizamos para enfrentarnos a las diferentes situaciones que vivimos día a día. Esas máscaras que disimulan nuestros enojos, nuestras tristezas, nuestra nostalgia, esas máscaras que desde niños empezaron a formar parte de nuestro vestuario porque queríamos primero, agradar a nuestros padres, y después se volvieron parte de nuestro rostro al punto que nos fue imposible pensar en dejarlas pues nos dimos cuenta cuánto agradábamos cuando las teníamos puestas. Estas máscaras se fueron fusionando tanto a nuestra faz, que olvidamos quienes éramos y terminamos siendo lo que otros querían que fuéramos.

Entonces, te vuelvo a preguntar qué pasaría si ya no tuvieras más máscaras, ¿podrías ir por la vida mostrando tu rostro real? Aceptando tus emociones a pesar de que tal vez ya no serías ese ideal que tú y que los demás quieren. La máscara representa una personalidad falsa, representa todo aquello que te dijeron que era lo correcto para agradar, para evitarte problemas, para ser aceptado, para pertenecer, para que te quisieran, para que te amaran, y empezamos a proyectar esa falsa apariencia de ser eficaces, de ser ecuánimes, de ser amorosos, de ser poderosos, de ser sabios, porque queríamos agradar y ser aceptados.

Cuando nacemos, somos acogidos en el regazo de nuestra madre y nos acurrucamos amorosamente, recibiendo la dulzura de su alimento, cobijados en sus amorosos brazos, nos sentimos aceptados y amados. Sin embargo, conforme transcurre el tiempo, ya no somos esas criaturas a las cuales se les aceptaba tal y como eran, ahora, hay que seguir reglas, comportarnos como nos dicen que es correcto, hacer lo que nos dicen hará que nos amen más, y resulta que ese chiquillo gracioso, travieso y espontáneo ya no es aceptado y ahora tiene que aprender a comportarse. Con esto no quiero decir que no podamos corregir ciertos comportamientos que son necesarios para un sano desarrollo, el problema comienza cuando nos reprimen de tal manera, que perdemos nuestra confianza y escondemos nuestro verdadero rostro detrás de una máscara que agrade a quienes amamos y nos evite sentirnos lastimados. Disfrazamos uno de nuestros más fuertes y grandes atractivos: el encanto natural de ser uno mismo.

Y entonces, te vuelvo a preguntar, ¿qué pasaría contigo, si te dieras cuenta que ya no puedes usar tus máscaras?, ¿que ahora, cuando sientas miedo, rabia, indiferencia, todos se darán cuenta?, ahora, conocerán tu verdadero rostro y tal vez tú aprenderás a conocerte a ti mismo y a aceptarte, y entonces dirás como dijo El Loco de Gibran Khalil Gibran “–¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!, y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido…”.

Por: Graciela Cueto Serrano

Experta en Comunicación y Desarrollo Humano

Graciela Cueto en Pláticas de Café

@gracielacuetos

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