Luis Barragán – Arquitectura de culto

Luis Barragán – Arquitectura de culto

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El único Premio Pritzker mexicano (1980), el cual es el galardón de mayor prestigio internacional para honrar a un arquitecto, considerado el Nobel de Arquitectura, fue concedido a Luis Barragán, quien revolucionó la arquitectura moderna del país con el uso de colores que recuerdan la arquitectura tradicional de México, con obras como la Casa-Estudio, la Capilla de las Capuchinas, en 1953, las Torres de Satélite, en 1958, “Los Clubes” – Cuadra San Cristóbal y Fuente de los Amantes en 1969 y la Casa Gilardi en 1976, entre muchos otros.

El misterio encerrado en su ‘arquitectura emocional’ sigue atrapando a los entusiastas de su arte, además de que se ha despertado cierto culto en torno a sus creaciones.

Luis Barragán Morfín nació en Guadalajara, Jalisco el 9 de marzo de 1902. Si bien provenía de una familia de buena posición, su instinto fue, por encima de sus comodidades, el que lo llevó a adentrarse en el mundo del diseño y la arquitectura. Luis estudió en la Escuela Libre de Ingenieros en Guadalajara, Jalisco, de donde egresó como ingeniero civil a los 21 años. Estudió arquitectura pero no concluyó. Sin embargo, destino, visión y convicción lo habrían de convertir en uno de los grandes de esta disciplina.

“El arte de ver. Ese arte es esencial para un arquitecto, saber cómo ver y, ver de tal manera que la visión no sea sobrepasada por el análisis racional”.

—Luis Barragán

Primera época

Al regreso de su primer viaje a Europa (1925-1927) surge el Barragán arquitecto, no sólo porque aún no construía algo, sino por la vocación que descubrió en esos años. Impresionado en especial por París y el sur de España, contrajo una especial predilección por los patios, las escaleras, los jardines, el color y los espacios breves, pero luminosos. A estos elementos se sumaría el agua en fuentes, piscinas o espejos (rasgos moriscos). Su fortuito encuentro con el paisajista, escritor e ilustrador francés Ferdinand Bac, dejó ver al mexicano el valor del diseño del paisaje.

Aunque en Guadalajara trabajaba ya desde hacía tiempo para distintos contratistas y con su hermano, el ingeniero Juan José Barragán, Luis quería algo diferente. Cómplice de un pequeño grupo de colegas como fueron Ignacio Díaz Morales, Rafael Urzúa y Pedro Castellanos, por siete años y hasta 1935, construye en Guadalajara y Chapala. Forman un estilo propio y rechazan influencias, tal fue así que “en ninguna casa de Guadalajara cayó en el folklorismo o la burda receta nacionalista”, dice Matiana González, en el libro Luis Barragán (Conaculta, 2001). De esa etapa su primera obra es una adecuación de la casa Robles León, a la que siguieron varias casas de tamaño mediano.

Ejemplo de esto son la Casa Cristo y la casa para Efraín González Luna (más tarde un fundador del Partido Acción Nacional y primer candidato presidencial por esa filiación) hoy convertida en la Casa Iteso Clavigero, declarada Monumento Artístico Nacional.

En sus últimas intervenciones en Jalisco, gana el concurso y crea junto con su hermano el Parque de la Revolución (1934-1935), también conocido como Parque Rojo, mismo que se convierte en su primer espacio público urbano y que persiste hasta el día de hoy con su diseño original de bancas (rojas) y farolas, además de su característica ‘sombrilla’ de concreto, y donde no olvidó construir una fuente.

“(…) Silencio. En los jardines y

hogares diseñados por mi, siempre he tratado de permitir al interior el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes, el silencio canta. (…)”

—Luis Barragán

Madurez

A partir de 1936 muda su residencia a la Ciudad de México y realiza una serie de colaboraciones con colegas como el arquitecto alemán Max Cetto y el ingeniero José Creixell. Entre estas obras destacan varios edificios en la colonia Cuauhtémoc y una casa dúplex de Avenida México, en el óvalo inmediato al Parque México de la colonia Condesa.

Para este momento las obras de Barragán, quien aún no cumplía 35 años de edad, ya eran publicadas con frecuencia en México y Estados Unidos, incluso en páginas de The Architectural Record.

Entre 1947 y 1948 construiría su propia casa, hoy abierta al público y Patrimonio de la Humanidad, en donde además de experimentar con celosías, ventanas cerradas abatibles, escaleras, muros que no llegan al techo y una azotea espectacular, realiza uno de sus jardines más memorables.

De esta casa diría el reconocido arquitecto estadounidense Louis I. Kahn: “Su casa no es simplemente una casa, sino la casa misma. Cualquiera puede sentirse en casa. Su material es tradicional, su carácter, eterno”, citó en una conferencia.

Muchas más obras y grandes desarrollos urbanos, como El Pedregal de San Ángel y Ciudad Satélite, habría de crear en las siguientes décadas. Con ello llegaría el reconocimiento mundial a su legado.

Tras haber sido estrenado el Premio Pritzker por el estadounidense Philip Johnson (1906-2005), el mexicano fue elegido en 1980 como su segundo ganador, siendo de paso el primer latinoamericano de la lista.

En la ceremonia se escuchó lo siguiente: “Honramos a Luis Barragán por su compromiso con la arquitectura como un sublime acto de imaginación poética. Ha creado jardines, plazas y fuentes de encantadora belleza, paisajes metafísicos para gozar la meditación y la compañía”.

Tras recibir el galardón, tajante en su decidida defensa por lo estético, el arquitecto mexicano declaró ese día: “La vida privada de belleza no merece llamarse humana”.

Murió el 22 de noviembre de 1988 a causa del mal de Parkinson, sus restos fueron envueltos en la bandera mexicana y velados en el vestíbulo central del Instituto Nacional de Bellas Artes.